
¿Tu perro te exaspera? La clave está en el control de impulsos
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Muchos dueños de perros se ven superados por situaciones cotidianas: tirones de correa, ladridos excesivos o paseos estresantes. La razón, según el educador canino Adrián Navarro de Lopecan, reside en la gestión emocional y el control de impulsos del animal.
La impulsividad canina: un problema de gestión emocional
Cuando un perro reacciona de forma exagerada ante un estímulo, no es que no piense, sino que no sabe cómo manejar sus emociones. Navarro explica que un perro con bajo control de impulsos tiene, en realidad, una mala gestión emocional y poca tolerancia a la frustración. Esta incapacidad para esperar o para no obtener lo que quiere al instante genera reacciones desproporcionadas.
Enseñar autocontrol: la clave para una mejor convivencia
En lugar de dejar que el perro dé rienda suelta a sus impulsos, el objetivo es enseñarle que existen formas más efectivas de conseguir lo que desea.
Un perro que ha trabajado el autocontrol aprenderá a comunicarse de otra manera: mirará a su dueño en lugar de ladrar o tirar, sabiendo que esa mirada puede llevarle a lo que quiere.
Ojo con los “refuerzos ocultos”
Uno de los principales obstáculos para corregir la impulsividad son los “refuerzos ocultos”, acciones inconscientes de los dueños que premian las exigencias del perro. Por ejemplo, si el perro golpea su cuenco de comida y el dueño lo rellena inmediatamente, se está reforzando esa conducta demandante.
Navarro lo compara con la crianza de los niños: si se presta atención cada vez que un niño exige algo, se fomenta su impulsividad. La alternativa es enseñar a esperar o a pedir las cosas de otra manera. Con los perros, la lógica es la misma: enseñarles a esperar para que no se vuelvan insistentes cuando quieren algo.
La edad no es un impedimento
Muchos dueños creen que un perro adulto ya no puede cambiar, pero Navarro asegura que la edad no es un factor determinante.
El trabajo debe realizarse independientemente de la edad del perro. Si bien un perro adulto con hábitos arraigados puede requerir más paciencia, la mejora en su calidad de vida merece la pena. Es importante prestar atención si el perro fue separado de su madre y hermanos antes de los 60 días, ya que esta etapa es crucial para el desarrollo del control de impulsos.
Ejercicios prácticos para mejorar el control de impulsos
Navarro propone comenzar con ejercicios básicos y progresivos en casa. Un ejercicio efectivo es pedir al perro que se siente y se quede quieto antes de darle acceso a su comida.
Se puede comenzar sosteniendo el cuenco en la mano, luego dejándolo en el suelo, e incluso saliendo de la cocina y esperando a que el perro mantenga la calma hasta recibir la orden de comer.
Otro momento clave es la salida a la calle. Si el perro se excita al ver la correa, el dueño debe detenerse hasta que el animal se relaje. De esta forma, el perro aprende que para salir a pasear debe controlar su impulso y calmarse.
Ejercicios avanzados y la importancia de la constancia
Para situaciones más complejas, como esperar tranquilamente en la puerta de un comercio, se requiere más preparación. Se debe trabajar la “permanencia” o el “quieto” en casa, logrando que el perro se mantenga en su sitio aunque el dueño se vaya a otra habitación.
Una vez dominado esto, se generaliza en el exterior, comenzando por lugares de poco tránsito.
Si se cuenta con la ayuda de otra persona, se puede practicar entrando a una tienda mientras el acompañante sujeta al perro. Si el perro se pone nervioso, el dueño no debe salir hasta que se calme, para que el animal aprenda que la calma es necesaria para que su dueño regrese.
El mensaje final es claro: la calma y el autocontrol son el camino para obtener lo que se desea, transformando la frustración en paciencia y comunicación.













