¿Por qué el mundo gira hacia un nuevo fascismo?

¿Por qué el mundo gira hacia un nuevo fascismo?
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¿Por qué el mundo gira hacia un nuevo fascismo?

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En un escenario ideal, Donald Trump no ocuparía la presidencia de Estados Unidos. Marcado por el narcisismo, la irresponsabilidad y una serie de condenas penales, su figura parece inaceptable. Sin embargo, obtuvo un respaldo masivo, evidenciando una preocupante tendencia.

El ascenso de figuras controvertidas

Trump no es un caso aislado. Líderes como Javier Milei, con sus excentricidades, o Vladímir Putin, cultivando una imagen de hombre fuerte, demuestran una inclinación hacia el culto a la personalidad, un rasgo característico de regímenes fascistas del pasado.

Aunque algunos analistas cuestionan el uso del término “fascismo” para describir a figuras como Trump o Ayuso, la realidad es que comparten estrategias clave: el culto al líder, la demonización del extranjero, el control de los medios y la exaltación del patriotismo.

La seducción del fascismo

Estos líderes han sabido capitalizar la sensación de inseguridad y la demanda de protección en tiempos de crisis, ofreciendo soluciones simplistas a problemas complejos. Apelan a aquellos que creen en la mano dura y en la imposición como forma de resolver conflictos.

Trump, por ejemplo, ha llegado a renombrar monumentos y edificios con su apellido, mientras que Ayuso ha sido retratada como figura religiosa, demostrando una ambición desmedida y una conexión con el misticismo.

El resurgimiento de viejas estrategias

El fascismo moderno, al igual que el clásico, utiliza el poder de las imágenes para manipular las emociones de las masas. Si bien ha adaptado su estética, dejando atrás botas y correajes, su programa sigue siendo el mismo: socavar la división de poderes, alimentar el miedo al extranjero y controlar los medios de comunicación.

Trump promete “hacer grande a América otra vez”, mientras que otros líderes replican consignas similares, exaltando glorias pasadas y minimizando los aspectos negativos de la historia.

¿Por qué el fascismo sigue atrayendo?

El ser humano necesita pertenecer a algo más grande. Tras décadas de empobrecimiento de las clases medias, muchas personas se sienten abandonadas y con la autoestima dañada. El nacionalismo se presenta como un antídoto, alimentando el orgullo de pertenencia y desviando la atención de los verdaderos problemas.

El fascismo necesita enemigos a los que combatir, y su odio se proyecta sobre diversos grupos: inmigrantes, feministas, la comunidad LGTBIQ+, intelectuales, ecologistas. Se busca un chivo expiatorio que permita desviar la atención de las causas reales de la crisis.

La necesidad de un discurso alternativo

La izquierda no ha logrado construir un discurso convincente. Los partidos alternativos han surgido y se han desvanecido rápidamente, enredados en disputas internas y adoptando posturas que generan rechazo.

El fascismo, en cambio, ofrece valores elementales y directos: engrandecer al país, rechazar lo extranjero, idealizar el pasado, priorizar la seguridad sobre la libertad. Un cóctel peligroso que sigue intoxicando mentes.

Un futuro preocupante

Las consecuencias de este auge fascista son alarmantes. Líderes hablan abiertamente del Gran Reemplazo, amenazan con deportaciones masivas y restringen derechos. El fascismo vende una falsa seguridad y promesas vacías de prosperidad.

La única forma de frenar esta epidemia es cultivar la razón comunicativa, buscando el entendimiento mutuo. Si renunciamos a este objetivo, la decencia se convertirá en una rareza.