
El tiempo como mercancía y el lujo de desconectar en el siglo XXI
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En el siglo XXI, el tiempo se ha convertido en una mercancía valiosa. Observamos a padres que comparten momentos con sus hijos, pero estos últimos permanecen absortos en dispositivos digitales. Esta imagen refleja una realidad donde la tecnología domina incluso los espacios de interacción familiar.
El lado oscuro del entretenimiento infantil en la era digital
Antes de la popularización de herramientas como ChatGPT, el *Elsagate* ya generaba inquietud. Se trataba de vídeos en YouTube, aparentemente dirigidos a niños, pero con contenido inapropiado como violencia y referencias sexuales. James Bridle denunció que estos vídeos, producidos de forma automatizada, traumatizaban a los niños a gran escala. YouTube tuvo que cerrar canales y modificar sus normas, pero la situación actual, con la inteligencia artificial generativa al alcance de todos, plantea nuevos desafíos.
El contenido actual, como vídeos cortos de frutas humanoides infieles o espermatozoides parlantes, produce una sensación de degradación mental. Aunque puede parecer diferente a las experiencias de la infancia pre-iPhone e iPad, la aceleración y el ritmo son factores importantes. Antes, la consola o la GameBoy Advance ofrecían una vía de escape, mientras que el Internet de 2007 era una jungla salvaje.
El acortamiento de la atención y la precariedad laboral
Un estudio de *The Economist* reveló que la longitud media de las frases en los libros más vendidos del *New York Times* ha disminuido drásticamente desde los años 30. Esta noticia coincide con la tendencia de publicar libros más cortos, tanto de ensayo como de ficción. Como consumidores, tenemos menos tiempo para concentrarnos y disfrutar sin prisas. Como productores, enfrentamos condiciones laborales más precarias y menos estabilidad vital.
Esta realidad explica el auge de libros y frases cortas, que requieren menos esfuerzo para procesar. El agotamiento tras una jornada laboral intensa dificulta la concentración. En este contexto, la principal preocupación es el futuro, donde desconectar será un lujo, así como razonar sin modelos de lenguaje extendido. La desconexión se convertirá en un nuevo divisor social, y la naturaleza quedará reservada para los ricos, mientras que ChatGPT será el opio de los pobres.
Rebelarse contra el futuro
Es imperativo resistir este futuro distópico. Debemos valorar el tiempo, la capacidad de concentración y la desconexión como elementos esenciales para una vida plena.













