
A Trump y Netanyahu no les va tan mal en el conflicto con Irán
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Resulta descorazonador constatar la poca atención que se presta a las víctimas de la guerra en Irán, en comparación con el tiempo dedicado a analizar el impacto en los precios del petróleo. Parece que las bajas más relevantes son los pozos petroleros y de gas bombardeados, mientras que las muertes causadas por las acciones de Trump y el dólar se toman con menos seriedad.
Los iraníes fallecidos solo acaparan titulares si ocupaban un alto cargo en la Guardia Revolucionaria. Las vidas de los libaneses asesinados parecen importar aún menos que las de los habitantes de Gaza. La compasión disminuye cuando se trata de llenar el tanque de gasolina.
Se depositan más esperanzas en la reacción de los votantes estadounidenses ante el precio del combustible en las próximas elecciones de noviembre, que en la capacidad de la ONU, la UE, la OEA, la OPEP y el derecho internacional para detener el conflicto.
¿Ingenuidad o estrategia?
Es fácil culpar a Donald Trump por sus decisiones impulsivas, pero algunos sugieren que tanto él como Netanyahu toman decisiones sobre Irán con menos información que los guionistas de la serie “Teherán”. Se asume que todos sabían lo que iba a suceder, excepto Trump y Netanyahu, a quienes se considera desinformados y con problemas mentales. Se insinúa que la CIA y el Mossad tienen menos información sobre Irán que la que tenía el rey Juan Carlos sobre el 23F.
Es llamativo que Trump todavía pueda engañar con la imagen del “loco yanqui”. Su desinterés por sus votantes quedó claro durante la pandemia. Cuando afirma que podría dispararle a alguien en la Quinta Avenida y seguirían votándolo, lo dice porque lo cree y es cierto. Netanyahu, por su parte, lleva toda la vida preparándose para esto.
Destruir Irán ha sido y sigue siendo su proyecto político. Asumir que no sabían o calcularon mal las consecuencias parece más un acto de fe que un análisis objetivo.
Beneficios y daños colaterales
Ambos líderes sabían lo que podía suceder y ambos están obteniendo lo que quieren, al menos por ahora: el mundo baila al son que marcan las reservas energéticas de Estados Unidos y la estrategia militar del gobierno israelí. Todo lo demás se considera daño colateral.
Mientras que la situación global empeora, a ellos les va bien. La pregunta clave es cuánto durará la guerra. La respuesta reside en cuánto tiempo tardarán en empezar a sufrir las consecuencias negativas.
En lo que va del año, Estados Unidos ya ha ingresado la mitad de los ingresos por exportación de gas y petróleo del año pasado, que ya fue un año récord.
El petróleo ayuda a equilibrar la enorme deuda federal, mientras que Vladímir Putin vuelve a ser un importante exportador de combustibles. Además, las carteras de pedidos del complejo militar industrial están repletas, a pesar de las advertencias del presidente Eisenhower en 1961. La paz, al parecer, es aburrida y perjudicial para los negocios.













