UNA PROCESIÓN EXCLUSIVA PARA HOMBRES PERDURA POR 250 AÑOS EN ZALAMEA LA REAL

UNA PROCESIÓN EXCLUSIVA PARA HOMBRES PERDURA POR 250 AÑOS EN ZALAMEA LA REAL
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UNA PROCESIÓN EXCLUSIVA PARA HOMBRES PERDURA POR 250 AÑOS EN ZALAMEA LA REAL

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En la localidad onubense de Zalamea la Real, una tradición singular marca la Semana Santa: una procesión a la que solo pueden asistir hombres, tanto en el cortejo como entre los espectadores. Esta costumbre, arraigada desde hace 250 años, excluye a las mujeres de cualquier edad de participar o presenciar la Vía Sacra.

La Vía Sacra de Zalamea la Real, según José Ortega, encargado de los cánticos durante el recorrido, es una manifestación religiosa organizada por el pueblo bajo el amparo de la Hermandad de Penitencia, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI. Cada Viernes Santo, los hombres se congregan en la Parroquia de la Asunción para dirigirse al Sepulcro, donde se encuentra la imagen del Cristo Yacente.

Orígenes históricos de la tradición

La Hermandad de Penitencia data la constitución de esta procesión en 1776, aunque existen registros de una tradición similar desde mediados de ese siglo. Investigaciones de José Ruiz Montero revelan que en 1750, un fraile, Mateo de Ávila, bendijo las estaciones de la nueva Vía Sacra. No obstante, fue en 1776 cuando se formalizó la tradición con la construcción de la decimocuarta estación y una ermita para albergar la imagen del Cristo Yacente.

El papel de las mujeres

A pesar de la exclusión de las mujeres en la procesión, es curioso que María Hidalgo, una mujer, donó la imagen del Cristo Yacente para la futura ermita, que fue colocada el 13 de agosto de 1777.

Defensa de la tradición

La hermandad defiende la continuidad de la procesión tal como se ha mantenido durante siglos. Consideran que es una muestra antropológica del pasado, conservando las características originales. El cortejo, encabezado por una cruz y dos faroles, simboliza el camino de Jesús al Calvario. Un miembro de la comitiva lee el motivo de cada estación y entona un estribillo que es seguido por los hombres con voz grave.

Antiguamente, el sonido de una corneta y una esquila advertía a las mujeres que pudieran estar en la calle para que se refugiaran en sus casas al paso del cortejo.

Un sentir compartido

José Ortega asegura que no hay indicios de que esta tradición vaya a cambiar, ya que las propias mujeres del pueblo la defienden. A diferencia de la polémica en Sagunt por el veto a las mujeres en una procesión, en Zalamea la Real se considera impensable modificar la Vía Sacra, gracias al respeto de las mujeres hacia esta costumbre.

Este respeto femenino es clave para la supervivencia de esta tradición en un pueblo de unos 3.000 habitantes, formando parte de su patrimonio etnográfico. Desde 1776, el recorrido no ha variado, comenzando en la Iglesia y terminando ante el Yacente.