
Xavier Cugat: Un viaje al technicolor de la música y el espectáculo
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Para muchos, evocar el nombre de Xavier Cugat es revivir una época dorada, una infancia o juventud marcada por los ritmos vibrantes de la rumba, el congo, el merengue y el chachachá. Las revistas de antaño lo retrataban como un director de orquesta elegante, rodeado de mujeres glamurosas y sus inseparables chihuahuas. Se decía que era catalán, pero su aura provenía de la América en technicolor, de Las Vegas, la ciudad de Frank Sinatra, Dean Martin y Carmen Miranda.
Un español conquistando el mundo del espectáculo
¿Cómo un español, proveniente de un país que parecía ajeno al mundo, lograba triunfar en la tierra del technicolor? No solo eso, sino que llevaba su música, una mezcla de alegría sensual hispanoamericana, a todos los rincones del planeta, viviendo como un pachá con bellas mujeres, Rolls Royce y un estilo ‘kitsch’ que deslumbraba con el brillo de joyas falsas.
Cugat supo confundir al mundo, mostrando una faceta de niño prodigio musical con un talento innato para conectar con el público.
El secreto de su éxito: la alegría y el espectáculo puro
Si bien Cugat era un músico superdotado, su oído estaba afinado a la música popular de los años cuarenta y cincuenta, un escape para las energías de una sociedad que buscaba divertirse tras la Segunda Guerra Mundial. Y Cugat les brindó esa alegría en abundancia. Quizás por eso, con el tiempo, su figura se ha desvanecido en la memoria de aquellos que solo buscan espectáculo puro.
‘Yo, Cugat’: una autobiografía reveladora
La autobiografía “Yo, Cugat”, aunque dictada de manera informal, ofrece una visión profunda del mundo a través de los ojos de un hombre que vivió intensamente. “Nacido el primero de enero del año 1900, tengo ahora ochenta y un años, y las cosas, a esta avanzada edad, se ven de otra manera.
Ahora recuerdo más que nunca los tiempos del pasado, los buenos y los malos, las alegrías y las tragedias, pero si en realidad existiera la reencarnación, yo quisiera volver a ser lo que he sido”, reflexiona Cugat en sus memorias.
Una edición cuidada y enriquecedora
La edición del libro es un deleite, alternando testimonios de la época con la prosa del propio Cugat. Comienza con una anécdota contada por Frank Sinatra, seguida de un prólogo de David Felipe Arranz y epílogos de Diego Mas Trelles, Ignacio Peyró y Jordi Puntí, además de las notas de Javier Jiménez. Como señala Peyró: “Tuvo mucho éxito, mucho dinero, muchas mujeres. Nada de esto le agrió el carácter.
Solía dirigir con su perrito chiguagua en una mano. No sé con qué mano sujetaba el cóctel”. Una imagen que resume a la perfección la esencia de Xavier Cugat.













