
Un murciélago devora hasta 1.200 mosquitos por hora: el éxito de las cajas refugio en 'Es Pinaret' que revela su poder como insecticida natural
La instalación de cajas refugio para murciélagos en la zona verde de Es Pinaret, en Ciutadella, ha resultado ser un éxito. La iniciativa, impulsada en 2023 por el Ayuntamiento de Ciutadella para fomentar la biodiversidad urbana, ha confirmado la ocupación de varias de estas estructuras por diferentes especies. Durante una revisión realizada el pasado 20 de marzo, se constató la presencia de tres ejemplares de pipistrela común (Pipistrellus pipistrellus) y dos de murciélago de borde claro (Pipistrellus kuhlii), especies protegidas y claves para el ecosistema insular.
A pesar de ser grandes desconocidos y, en ocasiones, “demonizados”, los murciélagos o ‘ratapinyades’ desempeñan un papel fundamental en el control de poblaciones de insectos. La bióloga Gibet Marqués, experta en quirópteros y miembro de la Iniciativa de Recerca de la Biodiversitat de les Illes (IRBI), subraya su importancia: “Son un control para la población de insectos”.
De hecho, un solo ejemplar puede consumir entre 600 y 1.200 mosquitos por hora durante un atardecer, lo que los convierte en uno de los insecticidas más eficaces y naturales que existen.
Su labor no se limita a los mosquitos. Especies como el murciélago de borde claro, encontrado en Es Pinaret, son depredadores de plagas que afectan a la isla, como la mariposa de la procesionaria del pino. “Algunos de ellos, incluso, de insectos que son plaga, como sería la procesionaria del pino o los escarabajos de la patata”, explica Marqués. Por ello, todas las especies de quirópteros están protegidas por la legislación española, ya que sus poblaciones se ven amenazadas por la pérdida de refugios, la alteración de hábitats y el uso de pesticidas.
La iniciativa de Ciutadella no es un caso aislado.
Menorca cuenta con una extensa red de más de 400 cajas refugio distribuidas por toda la isla, un trabajo que se viene realizando desde hace años por parte de entidades como el GOB o la propia IRBI. Estos refugios artificiales, que se revisan periódicamente, suplen la falta de hábitats naturales y son una herramienta clave para la conservación. De hecho, la bióloga confirma que recientemente se ha comprobado la efectividad de una instalación similar en la zona de Cala en Blanes.
El proyecto tiene también una importante vertiente educativa. La revisión de las cajas en Es Pinaret se realizó con la participación de 30 alumnos del IES J.
M. Quadrado, dentro de un proyecto de aprendizaje-servicio. Esta colaboración permite, según Marqués, “dar a conocer a la población todo lo que tenemos en Menorca y poder valorar el patrimonio natural”. La reacción del público, a menudo movido por una mezcla de “curiosidad e ignorancia”, es muy positiva una vez que se explica la función de estas estructuras, un conocimiento que ha evitado actos de vandalismo en la isla.
Sin embargo, la investigación y conservación de estas especies afronta el reto de la falta de recursos.
Gibet Marqués señala que las revisiones son complejas y se realizan con personal limitado, por lo que se necesita más apoyo, sobre todo económico, para seguir adelante. Este tipo de proyectos no solo tienen un objetivo científico, sino que proporcionan un “servicio ecosistémico” y abren la puerta al talento local. “Ayuda a investigadores jóvenes como yo, que nos especializamos fuera, a que podamos volver a Menorca y hacer nuestro trabajo aquí”, afirma la bióloga.
En definitiva, la constatación del éxito de las cajas refugio en Ciutadella va más allá de un simple recuento de murciélagos. Se trata de un modelo que combina biodiversidad, educación y sostenibilidad, reafirmando el compromiso con el patrimonio natural de Menorca y creando oportunidades para que los jóvenes talentos de la isla puedan desarrollar su carrera en casa, protegiendo el valioso ecosistema que los rodea.













