
NEANDERTALES USABAN ALQUITRÁN DE ABEDUL COMO ANTIBIÓTICO NATURAL
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Las infecciones bacterianas experimentaron un cambio radical con el descubrimiento de métodos para combatirlas sin necesidad de cirugía o aislamiento prolongado. Los antibióticos, sustancias que atacan y evitan la reproducción de bacterias, permiten tratar heridas, neumonías e infecciones internas mediante fármacos, en lugar de depender exclusivamente de la capacidad del cuerpo para defenderse.
El uso extendido de antibióticos tiene un origen específico, ligado a observaciones fortuitas y pruebas de laboratorio que confirmaron su eficacia. Sin embargo, también existen compuestos naturales con propiedades similares, descubiertos mucho antes, aunque su mecanismo de acción no se comprendiera completamente.
La idea de que una sustancia pueda bloquear microorganismos representó un cambio drástico en la medicina, un principio que se encuentra en materiales mucho más antiguos.
Análisis de un Material Usado Hace Miles de Años
Un estudio publicado en *PLOS One* revela que investigadores de la Universidad de Colonia, la Universidad de Oxford, la Universidad de Lieja y la Cape Breton University analizaron un material prehistórico: el alquitrán de abedul.
El equipo produjo alquitrán de abedul utilizando técnicas asociadas a los neandertales y descubrió que este material podía inhibir el crecimiento de bacterias. Los resultados sugieren que este compuesto no solo se utilizaba para fabricar herramientas, sino que también podría haber sido aplicado en heridas, lo que indica una forma rudimentaria de tratar infecciones mucho antes de la medicina moderna.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores replicaron los métodos utilizados hace miles de años para obtener este material, que consistían en calentar corteza de abedul en condiciones de baja oxigenación, lo que provocaba una destilación seca que liberaba una sustancia espesa.
En uno de los métodos, la corteza se quemaba bajo tierra en un espacio cerrado. En otro, se colocaba cerca de una superficie dura, como una piedra, para que el alquitrán se condensara. Ambos procedimientos generaban el mismo tipo de producto, lo que indica que no era necesaria una técnica específica para obtenerlo.
La Resistencia Actual Impulsa la Búsqueda de Alternativas en Materiales Antiguos
El interés por este material también se relaciona con un problema actual: la resistencia de muchas bacterias a los antibióticos modernos, lo que dificulta el tratamiento de infecciones comunes en hospitales. Esta situación impulsa la búsqueda de alternativas en sustancias naturales que ya han demostrado cierto efecto.
Tjaark Siemssen, de la Universidad de Colonia y la Universidad de Oxford, señaló que los hallazgos demuestran que podría valer la pena examinar antibióticos de contextos etnográficos o prehistóricos con mayor profundidad. Este enfoque abre la puerta a revisar compuestos antiguos con métodos actuales, con el objetivo de identificar posibles bases para nuevos tratamientos.
El Alquitrán se Entendió Durante Años Como Adhesivo para Herramientas
Durante años, el alquitrán de abedul se interpretó principalmente como un pegamento para herramientas. Su presencia adherido a piezas de piedra en yacimientos europeos llevó a la conclusión de que su función principal era unir partes, como mangos y filos, un proceso conocido como enmangue, esencial para la fabricación de herramientas más complejas.
Sin embargo, el propio Siemssen indicó que nuevos estudios sugieren que el alquitrán de abedul también pudo usarse para otros fines. Existen ejemplos en distintas regiones del mundo donde se ha aplicado sobre la piel con fines curativos. Esta coincidencia llevó a plantear que los neandertales podrían haber aprovechado esta propiedad de forma consciente.
Las Pruebas Confirmaron que Frenaba Bacterias Comunes en Heridas
Las pruebas de laboratorio confirmaron esta posibilidad al exponer el alquitrán a bacterias conocidas por causar infecciones. Todas las muestras inhibieron el crecimiento de *Staphylococcus aureus*, una bacteria muy común en heridas que hoy presenta resistencia a varios tratamientos. Este resultado se repitió con el material obtenido por distintos métodos, lo que refuerza la idea de que la propiedad antibacteriana no depende de una técnica concreta.
Siemssen explicó que los resultados sugieren que las propiedades antimicrobianas ya tenían un papel en tiempos de los primeros neandertales y que podían usarse de forma dirigida. El equipo también comprobó que el contacto con el material implicaba un proceso complejo, ya que su producción resulta pegajosa y difícil de manejar.
Este conjunto de datos encaja con otras pistas sobre el comportamiento de los neandertales. Se sabe que fabricaban herramientas, recogían objetos y utilizaban materiales de forma intencionada. También hay indicios de que cuidaban a individuos heridos o enfermos dentro de sus grupos. La posible aplicación del alquitrán sobre heridas encaja con esta idea de atención básica. Además, existen prácticas en comunidades del norte de Europa y Canadá donde se usa este tipo de sustancia para tratar la piel. Estos paralelismos refuerzan la hipótesis de que el uso no era casual.
El Uso Repetido Convirtió la Observación en Conocimiento Útil
El estudio también apunta a que este conocimiento no surgió de golpe, sino a partir de la observación repetida de efectos concretos. Si una sustancia reduce la infección en una herida, su uso se repite. Con el tiempo, esta repetición se convierte en una técnica.
Este mismo proceso explica cómo se descubrieron los antibióticos modernos, aunque en ese caso se identificaron de forma más controlada en laboratorio. La diferencia es que ahora se conoce el mecanismo, mientras que en el pasado bastaba con ver el resultado.
El recorrido que conecta este material antiguo con la medicina actual no es lineal, pero sí deja una idea clara: algunas soluciones eficaces ya existían antes de que se entendiera su base científica. El alquitrán de abedul aparece como uno de esos ejemplos que muestran cómo una sustancia natural puede tener más de un uso. Hoy se investiga con instrumentos modernos y precisos. Hace miles de años bastaba con observar qué funcionaba y repetirlo.













