
Cinco claves para entender el momento actual
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Uno. El ocaso de Donald Trump.
A pesar de su errático comportamiento y las constantes amenazas, el trumpismo como propuesta política parece haber fracasado. Trump no ha logrado consolidar una base de votantes estable, un requisito fundamental para cualquier fuerza política. Su apoyo electoral está en declive, incluso entre sus seguidores más leales. Además, el Partido Republicano no muestra gran entusiasmo por el presidente, evidenciado por el número récord de congresistas y senadores republicanos que se retiran este año.
Las encuestas dan la victoria a los demócratas en las próximas elecciones al Congreso y al Senado, aunque estos tampoco hayan hecho mucho para merecerla. El repertorio de medidas de Trump, como los aranceles, las deportaciones y los recortes del gasto social, se ha agotado, dejándolo con una única promesa: el caos.
Se espera que en los próximos meses los pesos pesados del Partido Republicano, del ejército y de la administración le abandonen. Trump, cada vez más iracundo, podría volverse más irracional e incluso violento, pero también más ineficaz a medida que pierda el apoyo del establishment.
La clave estará en las cuentas pendientes con la justicia que tendrán muchos de sus colaboradores. Trump ha transgredido la ley en numerosas ocasiones, dejando un rastro que ahora deberá ser investigado. Aquellos en peligro de ser encarcelados tendrán incentivos para mantener a Trump en el poder, mientras que otros buscarán distanciarse de sus acciones.
Dos. La burbuja de la IA se desinfla.
Aunque no se diga abiertamente, los números lo indican. Las bolsas americanas llevan meses estancadas o en caída. El NASDAQ acumula pérdidas desde octubre, y el S&P 500 ha caído desde sus máximos de enero. Esto ocurre en un contexto en el que las grandes tecnológicas publican los mejores resultados de su historia.
El caso de NVIDIA es paradigmático. La compañía, cuyo valor de mercado supera el PIB del Reino Unido, se ha convertido en un símbolo de la inversión en inteligencia artificial. Sus chips son la base de la infraestructura de la IA moderna, desde los modelos de OpenAI hasta los centros de datos de Microsoft, Google y Amazon.
En sus últimos trimestres, NVIDIA ha reportado ingresos y beneficios récord. Sin embargo, sus acciones han caído después de la presentación de resultados. Esta combinación de resultados extraordinarios seguidos de una caída en el precio de las acciones se ha vuelto común en la bolsa americana, afectando a empresas como Oracle, Microsoft o Meta.
Cuando los resultados extraordinarios ya no son suficientes para sostener el precio de una acción, es porque algo está cambiando. La burbuja de la IA se está desinflando, no de forma violenta, sino gradual. Algunos inversores están saliendo de las inversiones en IA, aunque los resultados sigan atrayendo a otros inversores.
Tres. El emperador está desnudo.
Cuando la burbuja se desinfle, descubriremos que la “inteligencia artificial” se parece más al correo electrónico que al ferrocarril. Es un software que puede replicarse y emplearse de forma universal, pero que no generará el mismo tipo de crecimiento que produjo el ferrocarril, ya que este último era un bien escaso que se podía intercambiar en régimen cuasi monopolístico.
La productividad, por sí sola, no produce crecimiento. Para crecer, es necesario vender, es decir, tener algo que los demás quieran y a lo que no puedan acceder, salvo comprándolo.
Cuatro. La música está a punto de terminarse.
Después de años de inflar el globo, en los próximos meses se producirán las salidas a bolsa de las grandes empresas de la IA. SpaceX, OpenAI y Anthropic esperan ser valoradas en sumas astronómicas. Nunca en la historia se había producido una salida a bolsa tan inmensa.
Existe un consenso entre los analistas de que no hay suficiente liquidez en el mundo para comprar las nuevas acciones de estas empresas sin que se desplome la cotización del resto. Las cifras son tan elevadas que resulta difícil tomarlas en serio. Es posible que alguna de estas OPVs no llegue a buen puerto.
Cinco. La madre de todas las burbujas.
Cuando alguna de las grandes OPVs del sector fracase, quedará claro que toda esta deriva que ha impulsado a las empresas tecnológicas desde 2020 ha sido una burbuja que ha ido avanzando de *hype* en *hype* hasta hoy. Y terminará explotando.
Este es el tercer acto de una única burbuja que lleva hinchándose 25 años. Comenzó en 2000, continuó en 2008 y siguió con nuevos estímulos monetarios y económicos en el COVID y después durante la invasión de Ucrania. Llevamos un cuarto de siglo insuflando oxígeno a una economía que no respira.
Una idea para la esperanza: no es el fin del mundo (es el principio).
Este aparente colapso es un espejismo. Lo que se está quebrando no es la sociedad, sino un proyecto económico concreto en el que hemos vivido los últimos 25 años y que no ha funcionado.
Nuestro tiempo es heredero de los consensos que se alcanzaron tras la Segunda Guerra Mundial. Una generación se propuso reconstruir un mundo devastado incluyendo a la mayoría de la población en los dividendos del progreso. Al final de aquel ciclo, el mundo necesitó un nuevo desafío y se propuso crear una “sociedad del conocimiento” para el siglo XXI.
Es una parte de ese experimento, el de la “economía del conocimiento”, el que se está resquebrajando. Economía y conocimiento son dos conceptos antagónicos. La economía es la gestión de los bienes escasos y el conocimiento es nuestro bien abundante por definición.
A medida que el conocimiento ha ido avanzando, la economía ha ido retrocediendo. Hoy vemos el ejemplo más brutal en la inteligencia artificial: una forma de conocimiento que amenaza con acabar con millones de puestos de trabajo.
Pero, ¿es esto de verdad una amenaza? ¿No fue siempre el objetivo final? ¿No era esto con lo que soñábamos? ¿Con liberarnos de la esclavitud de la escasez y del trabajo?
Mientras tanto, los indicadores relevantes para la vida humana siguen avanzando. La ciencia sigue avanzando en la curación del cáncer, del párkinson y del alzhéimer. Cada vez somos capaces de producir más con menos y seguimos acabando con la pobreza y la mortalidad infantil. El progreso de las energías renovables nos permite soñar con un mundo limpio de combustibles fósiles donde la energía es abundante.
No es lo importante de la realidad lo que se tambalea: son nuestras creencias. Es el fin de un ciclo ideológico, de un sistema, que se lleva agotando desde hace 25 años y está en su fase agónica.
Lo que se está viniendo abajo son las normas del mundo antiguo. Pero si somos capaces de entenderlo de esa manera y mantenernos unidos, serenos y orientados, encontraremos que nunca fuimos más capaces de superar las dificultades que tenemos por delante que ahora.
Somos una sociedad de sabios. Hemos construido los acuerdos políticos que nos han permitido vivir en paz. Y podemos construir otros. Tenemos la inteligencia y la capacidad para salir adelante y encontrar soluciones a los problemas que nos vamos a encontrar. No tenemos nada que temer.












