
Una izquierda que aprenda de las élites
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Gabriel Rufián y compañía harían bien en tomar nota: las élites son maestras en la unidad, llegando a acuerdos para sostener un sistema de poder que se extiende por décadas. Imitar algunas de sus estrategias no sería imposible.
El déficit organizativo de la izquierda
La principal carencia de la izquierda reside en su organización. Un vistazo al patronato de la Fundación Quirón Salud, clave en la privatización reciente, ofrece pistas. Su vicepresidente segundo, Mauricio Casals (abogado, presidente de la Fundación Atresmedia y consejero del grupo propietario de Antena 3, Onda Cero y La Sexta) también participa en la Fundación para la Ayuda contra la Drogadicción (FAD Joven).
La FAD, con la reina Letizia como presidenta de honor, reúne a figuras destacadas del mundo empresarial. Su presidente es José Ignacio Goirigolzarri, ex máximo representante de Caixabank, entidad que absorbió Bankia. Isidre Fainé, número uno de Fundación Caixabank, también preside Criteria Caixa y es consejero del grupo ACS, presidido por Florentino Pérez.
Entre 2004 y 2006, Antonio García Ferreras, periodista proveniente de la Cadena SER, fue director de comunicación de ACS antes de pasar a La Sexta, perteneciente a Atresmedia, donde trabaja Mauricio Casals. Esta conexión ilustra la cohesión y capacidad organizativa de las minorías poderosas.
Cohesión y organización: claves del poder
Consejos y patronatos compartidos facilitan el intercambio y el acuerdo entre personas que comparten intereses. Estos individuos cohesionan y organizan las empresas y entidades en las que participan. Las puertas giratorias, más que promociones individuales, son mecanismos de coordinación de la élite corporativa, una comunidad de negocios con gran influencia política.
Esta arquitectura social genera una conciencia de clase diferente a la de las formaciones obreras. El entramado corporativo se convierte en un “Estado privado” donde todos se conocen y actúan bajo normas no escritas, respondiendo al unísono ante amenazas al sistema. No solo por creencias e intereses, sino por ser piezas de un organismo complejo con coordinación espontánea.
Las carencias de la izquierda
Al comparar este sistema con los partidos y movimientos de izquierda, las diferencias son evidentes. El elevado número de participantes en los movimientos de protesta dificulta el acuerdo, agravado por matices políticos e ideológicos que se convierten en obstáculos argumentales en el debate digital.
Faltan instituciones para compartir y reforzar vínculos, negociar, compartir ocio y visiones comunes. Sindicatos, asociaciones vecinales y movimientos sociales resisten en un tiempo de individualización, pantallas vigilantes y saturación mental.
La izquierda carece de instituciones organizativas, un hecho que no se debate públicamente. Los recientes movimientos protestatarios, absorbidos en ministerios y secretarías de Estado de un gobierno de centroizquierda, evidencian esta precariedad política.
La desazón actual se debe a esta falta de organización. Sería un buen tema de conversación para futuras iniciativas de unidad, abandonando la búsqueda de culpables y la reproducción de odios internos. Mientras tanto, las élites seguirán viviendo en comunidad y con un comportamiento solidario envidiable. Hay que aprender de ellas.













