
“Negociamos con bombas”: Del ideal republicano al impulso imperial de Trump
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La administración de Donald Trump extiende su noción imperialista a la vez que profundiza el autoritarismo dentro de sus propias fronteras.
El ICE como fuerza armada al servicio del presidente
Agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) patrullan aeropuertos estadounidenses tras la orden del presidente Trump de compensar las disfunciones causadas por el bloqueo de fondos al Departamento de Seguridad Nacional. Este bloqueo es consecuencia de la negativa de congresistas demócratas a financiar una institución con agentes que ejecutan una “cruel represión migratoria”. El mismo cuerpo responsable del asesinato de dos personas en Minneapolis ahora supuestamente asiste en los controles aeroportuarios, aunque su principal actividad sigue siendo la persecución de personas.
El ICE se ha convertido en una fuerza armada federal al servicio del presidente, utilizada para la represión migratoria, desplegada o replegada estratégicamente en bastiones demócratas y empleada para interferir en el pulso político con los demócratas en el Capitolio.
El debate entre república e imperio en la historia de EE.UU.
A finales del siglo XIX, Estados Unidos experimentó un debate sobre los conceptos de república e imperio. Tras la guerra civil, el país inició una expansión colonial en Filipinas, Cuba, Hawái y Puerto Rico, lo que generó cuestionamientos sobre su papel en el mundo.
En ese contexto, el sociólogo, historiador y activista por los derechos civiles W.E.B. Du Bois (1868-1963) teorizó sobre la posibilidad de que EE.UU. fuera un imperio en el extranjero y una democracia en casa, y cómo las formas imperiales autoritarias se replican internamente. Du Bois concluyó que no puede haber democracia en un país que actúa como un imperio, argumentando que frenar el imperialismo estadounidense beneficiaría tanto a las naciones dominadas como a los ciudadanos estadounidenses.
La deriva autoritaria de la república estadounidense bajo Trump
Si se entiende por república no solo un modelo político sin monarquía, sino un sistema basado en la radicalidad democrática y la participación ciudadana, la república estadounidense bajo Trump se vuelve cada vez más estrecha y autoritaria. Se persigue, insulta y deshumaniza a los rivales políticos internos, se reprime a la población migrante, se amenaza a los medios de comunicación críticos, se retiran fondos a universidades independientes, se castiga a los despachos de abogados que defienden causas contrarias a la administración y se margina a quienes aplican políticas de diversidad e igualdad.
Un ejemplo de estos recortes democráticos es la decisión del departamento de Guerra de trasladar las dependencias de prensa fuera del Pentágono, tras una decisión judicial que consideró ilegales las normas restrictivas de censura previa para conceder acreditaciones de prensa.
“Negociamos con bombas”: Un reflejo del trumpismo
La frase “Negociamos con bombas”, pronunciada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, evidencia el desprecio por el diálogo, la imposición de la ley del más fuerte y una pulsión agresiva que recuerda al manifiesto futurista de Filippo Tommaso Marinetti, precursor del fascismo.
Trump, al igual que Marinetti y los precursores del fascismo, glorifica la guerra, el militarismo y el patriotismo, combate el feminismo y muestra desprecio por el arte y la cultura.
En esta glorificación de la guerra, Trump ha bombardeado siete países en un año, ha participado en el asesinato de líderes iraníes y ha ejercido presión sobre el gobierno cubano a través de la asfixia económica.
El “negociamos con bombas” de Hegseth representa una síntesis futurista del trumpismo en su deriva imperial, contrastando con los valores republicanos y democráticos.













