
Ejercicio físico en la oficina: ¿es suficiente para el bienestar laboral?
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El creciente interés empresarial por el bienestar de sus empleados ha llevado a la implementación de programas de ejercicio físico. Sin embargo, un experto advierte que estas iniciativas pueden ser contraproducentes si no se complementan con un entorno laboral saludable.
El riesgo del sedentarismo en el trabajo
Víctor Jiménez, profesor e investigador en Gestión Deportiva en la Facultad de Medicina, Salud y Deportes de la Universidad Europea, subraya que “los beneficios del ejercicio solo son efectivos cuando se enmarcan en un ambiente saludable y son guiados por profesionales”. El principal riesgo en los trabajos de oficina es el sedentarismo prolongado.
Según análisis de la Universidad Europea, la inactividad durante largas horas aumenta el riesgo de mortalidad y la probabilidad de desarrollar patologías cardiovasculares, hipertensión, obesidad o diabetes tipo 2. Jiménez enfatiza que “el mayor riesgo del trabajo de oficina es el sedentarismo prolongado”.
Impacto psicológico y soluciones
La falta de movimiento también tiene consecuencias psicológicas, correlacionándose con un incremento de los niveles de estrés y ansiedad.
En contraposición, “el ejercicio regular favorece la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar y ayuda a normalizar los niveles basales de cortisol, lo que mejora el estado de ánimo y la capacidad para afrontar las demandas del trabajo”, explica el experto.
En entornos laborales de alta presión y con jornadas extensas, la actividad física más eficaz es la que se adapta al estado de fatiga del trabajador. Se recomienda optar por actividades de intensidad moderada, como el trabajo aeróbico, para evitar una sobrecarga del sistema nervioso.
Al mismo tiempo, es crucial “integrar ejercicios de fuerza y movilidad, fundamentales para la salud metabólica y para compensar los efectos negativos de las posturas mantenidas durante horas”.
Un enfoque integral y supervisado
Para que estas prácticas sean efectivas, es imprescindible partir de un entorno laboral digno. Sobre esa base, se debe combatir el sedentarismo promoviendo pausas activas y, fundamentalmente, contando con el diseño y la supervisión de especialistas.
“La figura del profesional de las Ciencias de la Actividad Física y del Deporte es insustituible, pues es quien mejor puede adaptar el ejercicio a las circunstancias y expectativas de cada persona”, destaca Jiménez.
El objetivo final, según el profesor, es “seguir propuestas estructuradas que combinen actividad aeróbica, fuerza y movilidad, en lugar de imponer el ejercicio como una herramienta más al servicio de la productividad”.
Este enfoque integral es esencial para que la actividad física en la empresa se traduzca en una mejora real y sostenible de la salud de los trabajadores.













