
Antonio Murado y la espacialidad (mono)cromática
Subjetiva y, por lo mismo, más comprometida. La obra de Antonio Murado (1964), que regresa ahora a la galería Álvaro Alcázar, tiene en común con las de Rothko o Reinhardt el hecho de cifrar su espacialidad en la dimensión cromática.
En su caso, esta no solo depende de la aplicación de los colores o de la combinación de tratamientos, sino que comprende la propia materialidad del soporte: liberado del bastidor, la más de las veces, las particularidades del lino, incluso las más contingentes (pliegues, arrugas, costuras…) entran a formar parte de su discurso de manera decisiva.Antonio Murado ‘Claustro’ Lugar: Galería Álvaro Alcázar Dirección: C/ Saturnino Calleja, 3 Clausura: Hasta el 19 de mayo Valoración: **** La identificación entre soporte y pigmento genera una sensación que casi podemos calificar como territorial, física, alcanzando una corporalidad que llega a resultar estéticamente conmovedora.













