
Cómo los artistas construyen (o destruyen) su imperio a través de la imagen
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La cultura pop está repleta de polémicas que pueden fortalecer o destruir el imperio de los artistas. Recientemente, Chappell Roan se vio envuelta en una controversia cuando el futbolista Jorginho acusó a su equipo de seguridad de hacer llorar a su hijastra. Roan respondió en Instagram, afirmando que no era su guardaespaldas y que no siente “odio” por los niños. Este incidente subraya cómo la autenticidad se ha convertido en un factor crucial para el éxito y la supervivencia de las estrellas en el pop contemporáneo.
Las redes sociales presionan a los artistas para que se muestren cercanos y espontáneos, revelando a través de stories que son más que simples intérpretes de éxitos. Sin embargo, esta visibilidad también alimenta el escrutinio público. Aunque la exposición les permite conectar mejor con sus fans y humanizar su imagen, también genera una contradicción: cuanto más revelan de sí mismos, más difícil les resulta proteger su vida privada.
La identidad como activo valioso
El músico y sociólogo Hans Laguna explora este fenómeno en su ensayo *Yo siendo yo* (Anagrama, 2026), analizando cómo la identidad se define y se explota en una industria que exige una reinvención constante, especialmente para las mujeres. Laguna desvela los secretos detrás de la imagen que proyectan las estrellas del pop, un juego del que “somos víctimas y cómplices”.
Según Laguna, las estrellas y sus seguidores forman parte del mismo juego. “Lo que hacen estas figuras lo hacemos nosotros a pequeña escala. Todos estamos metidos en las redes sociales y todos, de alguna forma, construimos un personaje para el consumo público”, señala.
Al igual que los cantantes que utilizan TikTok o Instagram para proyectar una imagen determinada a sus fans, todos nos vemos afectados por problemas de identidad: ¿hasta qué punto somos fieles a nosotros mismos en nuestra vida diaria y social, y hasta qué punto el personaje que construimos en redes nos representa realmente?
“Las estrellas del pop llevan estas inquietudes a la arena pública de una forma muy evidente, pero lo interesante es que no es algo ajeno a los demás”, apunta Laguna, quien agrega que “el sistema nos lleva a construir una marca personal que rentabilizamos a nivel laboral”.
La autenticidad como estrategia
Para lograr una mayor empatía y fidelidad por parte de sus seguidores, los artistas moldean una personalidad en la que destaca la autenticidad. Un ejemplo es Rosalía, quien ha logrado una gran relevancia cultural y social más allá de la música porque ha conseguido mostrar una “imagen de mujer autónoma e independiente que hace lo que le da la gana”. “Eso le permite colaborar con un montón de marcas y capitalizarlo”, detalla Laguna, “es el ejemplo de que construir una imagen de persona auténtica hoy en día es un negocio”.
La Generación Z acepta que los artistas hagan publicidad, ya que lo ven como una demostración de su triunfo social. Sin embargo, Taylor Swift, con un patrimonio neto de 2 mil millones de dólares, se destaca por no necesitar patrocinios para alcanzar su estatus.
Los límites de la coherencia
Laguna advierte que la vinculación de los artistas con otras empresas puede ser peligrosa si se sobrepasan ciertos límites. “Debe haber una coherencia entre la marca con la que se asocian y su marca personal”, argumenta. Si no, corren el riesgo de ser tildados de hipócritas, como le sucedió a Aitana al promocionar un menú de McDonald’s siendo celíaca.
Las estrellas del pop proyectan el discurso de que son auténticas y no hacen las cosas por beneficiarse económicamente, a pesar de ser más capitalistas que nunca. “Es un malabarismo al que estamos acostumbrándonos, pero es una anomalía histórica que debería llamarnos la atención”, comenta Laguna. “Están jugando a eso y cada vez es más obvio que son máquinas de hacer dinero y de colaborar con marcas. Quizás precisamente por ello necesitan al mismo tiempo construir una imagen que se mantenga al margen de esto y convencernos de que en realidad tienen una necesidad expresiva”, reflexiona.
El posicionamiento político
Otra consecuencia de la exposición de los artistas es el reclamo por parte de sus seguidores de que se pronuncien sobre problemas políticos y sociales. Rosalía se vio obligada a apoyar públicamente a Palestina después de la polémica desatada en redes sociales. “El hecho de no haber usado mi plataforma de forma alineada con el estilo o expectativas ajenas no significa en absoluto que no condene lo que está pasando en Palestina”, indicó la cantante. Laguna afirma que “las estrellas son más conscientes de que no tienen un cheque en blanco, sino que saben que los fans pueden reaccionar”.
Laguna critica que los artistas se molesten cuando el público les exige determinadas actitudes o les afea ciertas conductas, ya que “viven del *engagement* que han generado con sus públicos”. “Es como que solo lo quieren para lo bueno y no para lo malo. Parece que tienen nostalgia de unos tiempos en los que podían hacer cualquier cosa sin tener que rendir cuentas”, añade.
En Estados Unidos, es más común que los cantantes tomen partido políticamente. Sin embargo, Laguna advierte que “hay una base de fans muy fieles que les van a defender hagan lo que hagan”, incluso ante informaciones delicadas como denuncias de acoso.
Laguna concluye que el juego de las estrellas ya no solo depende de lo que hagan con su micrófono encima del escenario, sino de su capacidad para gestionar las expectativas de un público cada vez más activo y dividido.</













