
El escepticismo de los países del Golfo Pérsico ante las "intensas conversaciones" con Irán
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Poco después de que Donald Trump afirmara que EEUU estaba inmerso en “intensas conversaciones” para poner fin a la guerra con Irán, Qatar se distanció de las supuestas negociaciones diplomáticas. Según el portavoz del Gobierno qatarí, Majed al-Ansari, Qatar no participó en ningún intento de mediación, poniendo en duda incluso su existencia.
Esta postura representa una ruptura con el papel histórico de Qatar como mediador en conflictos de Oriente Medio, como las negociaciones entre Israel y Hamás, las conversaciones entre Estados Unidos y los talibanes, y los intentos de acuerdos de paz en Líbano y Sudán.
Sin embargo, durante las últimas semanas, Qatar y otros países del Golfo Pérsico se han visto en primera línea de la guerra, después de que EEUU rechazara sus esfuerzos de mediación para evitar el conflicto.
EEUU ha atacado Irán en dos ocasiones durante las negociaciones para detener el programa nuclear iraní, impulsadas por Omán. Las conversaciones se interrumpieron en junio tras ataques de EEUU e Israel contra instalaciones nucleares iraníes, y nuevamente en febrero cuando Trump comenzó a bombardear Teherán junto con Israel antes de la ronda final de reuniones.
El alto precio y la sospecha
Desde el inicio de la guerra, los Estados del Golfo han gastado miles de millones para repeler misiles y drones iraníes, afectando sus economías y soberanía.
Analistas como Bilal Saab, del grupo asesor Trends US, afirman que la renuncia a apoyar los supuestos esfuerzos para un alto el fuego refleja tanto el alto precio que siguen pagando por la guerra, como la sospecha de que las conversaciones de paz de Trump sean una maniobra para la escalada.
“Han salido escaldados de su experiencia anterior”, dice Saab. “Antes pensaban que desempeñaban un papel mediador útil, hasta que se dieron cuenta de que todo era en vano. Por no mencionar que se han visto directamente implicados en la guerra y los iraníes los siguen atacando. Así que hay mucha frustración y decepción acumuladas que están afectando a su voluntad, y quizás incluso a su capacidad, para mediar en nada”.
La falta de claridad en torno a las supuestas negociaciones actuales entre EEUU e Irán, y la profunda desconfianza por el régimen de Trump, han hecho que los líderes del Golfo se muestren reacios a situarse en primera línea de las conversaciones por el momento.
Poca claridad
No está claro con quién está hablando EEUU en Irán para presentar su propuesta de paz, ni quién toma las decisiones en el régimen iraní, tras el asesinato de varias figuras de alto rango y la figura aún desconocida del líder supremo Mojtaba Jamenei.
El régimen iraní rechazó un plan de 15 puntos de Trump presentado a través de generales paquistaníes, tildándolo de “extremadamente irrazonable” y presentando su propia propuesta, notablemente diferente.
Existe preocupación por dar legitimidad a unas conversaciones que podrían ser una tapadera para la escalada o el asesinato de más líderes iraníes. A pesar de las afirmaciones de Trump sobre avances en las negociaciones, el despliegue de tropas estadounidenses en Oriente Medio alimenta el temor de que los Estados del Golfo sean utilizados como peones en el juego de Estados Unidos e Israel.
“Sigue existiendo una fuerte posibilidad de que esto sea una artimaña para preparar otra operación militar o de que EEUU quiera llevar a cabo negociaciones bajo la amenaza de una invasión terrestre”, advierte Saab.
Fuentes diplomáticas iraníes expresan temores similares, con un alto grado de escepticismo sobre el potencial de unas conversaciones de paz, recordando que “las utilizaron para atacar y asesinar a nuestros líderes. La desconfianza es muy alta”.
¿Participar en las negociaciones?
Bader Al Saif, de la Universidad de Kuwait, señala que a los Estados del Golfo les resulta difícil ignorar que “cada vez que la Administración Trump utilizaba la palabra negociación” el resultado final es “la guerra”.
“En este momento, la situación sigue siendo muy volátil. Creo que los Estados del Golfo se sumarán a las negociaciones cuando sientan que hay algo real que pueden ofrecer”.
Sin embargo, la renuencia a verse envueltos en una posible farsa trumpiana se ve contrarrestada por la importancia crítica que tendría dar forma e influir en cualquier negociación de paz realista en la que se dirima el futuro del Golfo.
Las capitales del Golfo ven como una amenaza existencial a sus ambiciones económicas de futuro que Trump pueda poner fin a la guerra sin que el régimen de Irán haya caído. Si sobrevive, es posible que lo haga con ansias de venganza y conociendo ya el daño que sus misiles y drones pueden causar a sus infraestructuras e industrias multimillonarias. Tampoco hay aún una solución clara sobre cómo evitar que Irán siga controlando el estrecho de Ormuz.
Si la guerra de EEUU se prolonga, las economías del Golfo correrían peligro de desangrarse y poner en peligro sus infraestructuras vitales. También persistiría la posibilidad de que Teherán activara sus células durmientes y facciones armadas leales en países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Kuwait, que podrían desencadenar una desestabilizadora guerra *proxy* interna.
Al Saif insta a los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) a iniciar sus propias negociaciones por separado con Irán, para garantizar la protección de sus intereses a largo plazo.
“No deberían contar únicamente con EEUU para llevar a cabo la negociación”, afirma el profesor. “Deberían llegar a un acuerdo con Irán por su cuenta. Esta no era nuestra guerra, y si podemos protegernos de sufrir más repercusiones, deberíamos hacerlo para salvaguardar nuestros propios intereses nacionales”.
“A Trump no le importan demasiado los Estados del Golfo”
La sugerencia de Pakistán como sede para las conversaciones de paz es relativamente favorable para los Estados del Golfo, aunque algunos cuestionan que Islamabad tenga la misma influencia económica sobre Irán que países del Golfo como Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Alex Vatanka, del *think tank* Middle East Institute, destaca que, más allá de garantizar el flujo comercial a través del estrecho de Ormuz y desmantelar el programa nuclear, no hay motivos para esperar que Trump dé prioridad a las necesidades del Golfo en una negociación con Irán.
Es improbable que Irán acepte renunciar a los misiles que tanto daño han causado a los Estados del Golfo. “Trump podría volver a sacrificar fácilmente a los Estados del Golfo; no le importan demasiado más allá de que sean fuentes de oportunidades comerciales personales”, opina Vatanka.
Aunque destaca que se necesitarán hazañas diplomáticas para reconstruir la confianza entre Irán y los Estados del Golfo, Vatanka espera que tracen su propio camino con Teherán, tal y como habían hecho antes de que estallara la guerra.
“Pase lo que pase, seguirán siendo Estados de primera línea. Irán está justo al otro lado del estrecho y ellos no son una fortaleza”, agrega. “Así que, una vez que cesen los combates, los Estados del Golfo tendrán que decidir: ‘¿Hay formas de empujar a este régimen en otra dirección?’”.













