
Las purgas en Vox avanzan a un ritmo que hubiera complacido a Stalin
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Tras un periodo de aparente tolerancia, Vox ha intensificado la purga de disidentes que cuestionan el liderazgo de Santiago Abascal. La eliminación de voces críticas se ha acelerado, culminando con el procedimiento disciplinario contra Iván Espinosa de los Monteros, un paso previo a su expulsión del partido.
La palabra del líder y su círculo cercano es ahora incuestionable. Antiguos dirigentes, que en su momento creyeron en la apertura democrática interna del partido, han sido marginados. La ingenuidad, en política, tiene un alto precio.
Algunos de los afectados contaban con los primeros carnets de militancia, incluso el número uno. Sin embargo, no ha habido clemencia. Primero se les aísla y después se les relega al ostracismo. Cualquier intento de alzar la voz se castiga con la expulsión, acusándolos de servir al enemigo.
El momento político y las purgas
En un momento de auge político, según las encuestas, Vox se siente lo suficientemente fuerte para culminar un proceso que comenzó con la confección de las listas electorales de 2023. Las purgas no son repentinas; se gestan mucho antes, cuando se decide quién ya no es de confianza.
Gran parte del grupo parlamentario, que había defendido con vehemencia las ideas de Vox desde 2019, fue excluido de las nuevas candidaturas. No se trataba de moderados, sino de un polo de poder que, en teoría, podía cuestionar las decisiones de la cúpula.
Fue entonces cuando Espinosa de los Monteros se percató de su aislamiento y optó por autoexcluirse de las listas, sellando así su destino.
El caso Olona y la respuesta totalitaria
Un preludio a esta situación fue el envío de Macarena Olona a la candidatura de las elecciones andaluzas. Aunque el experimento no tuvo éxito electoral, fue perfecto para la organización interna. Olona se rebeló, pero ya era demasiado tarde: había caído en la trampa.
Para contrarrestar la pérdida de reputación, Vox ha optado por la respuesta más habitual en regímenes totalitarios: acusar a los disidentes de trabajar para el enemigo, de ser traidores a la causa.
Como afirmó Abascal en una entrevista, los problemas de Vox son externos, producto de un complot del PP y de algunos medios para desestabilizar al líder. Cualquier intento de cuestionar esta narrativa será severamente castigado.
La “familia” y el control del partido
Espinosa de los Monteros fundó en 2025 una “entidad social civil” llamada Atenea, con la intención de tender puentes entre PP y Vox. Este movimiento fue considerado un “casus belli” por el partido.
Sus declaraciones apuntaban al corazón del funcionamiento interno de Vox, denunciando que “un grupo de gente que proviene de una misma familia empresarial” había tomado el control del partido con la aquiescencia del presidente.
Se refería a Julio Ariza, fundador del grupo Intereconomía, y a su hijo Gabriel, responsable de la consultora política Tizona Comunicación, que trabaja para el partido. Por encima de ellos se encuentra Kiko Méndez Monasterio, principal asesor de Abascal y figura clave en la toma de decisiones.
Financiación y críticas internas
Al igual que otros partidos, Vox financia a su fundación, Disenso, presidida por Abascal, con cifras muy superiores a lo habitual. Esta situación ha generado críticas internas, con acusaciones de opacidad en la financiación del partido.
Juan García-Gallardo, exvicepresidente de Castilla y León, llegó a afirmar que Vox es “el plan de pensiones de Abascal”. Javier Ortega Smith, otro defenestrado, asegura que fue cesado como secretario general por denunciar irregularidades económicas.
Existen testimonios de mujeres con cargos electos en ayuntamientos que dimitieron al descubrir la hostilidad de los dirigentes hacia las mujeres y la falta de respeto que recibían.
La realidad de Vox: un líder y figurantes
Los nuevos “rebeldes” han llegado a la fase de aceptación de la realidad: “En Vox no existe la democracia, la libertad. Es el imperio del miedo”, afirmó José Ángel Antelo, exlíder del partido en Murcia. Han tardado en darse cuenta de que en Vox hay un líder, una “camarilla” y los demás son figurantes.













