
El Regreso a Sheij Maqsoud: Un Barrio Kurdo en el Epicentro del Conflicto Sirio
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El barrio de Sheij Maqsoud, de mayoría kurda en Alepo, Siria, ha sido testigo de intensos combates que han dejado una profunda huella en sus habitantes. Tras una nueva ola de violencia, la población busca reconstruir sus vidas en medio de un panorama político y social complejo.
El Estallido de la Violencia y el Éxodo
El pequeño Ahmed y su familia se vieron obligados a huir de su hogar en Sheij Maqsoud tras el estallido de la violencia. Los constantes ataques y la desesperación por la seguridad de sus hijos llevaron a Fátima, la madre de Ahmed, a tomar la difícil decisión de abandonar su hogar y buscar refugio en otro lugar. Antes de partir, quemó sus libros de kurdo, un símbolo de la identidad que temía perder en medio del conflicto.
Un Refugio en Ruinas
Sheij Maqsoud, un barrio que albergaba diversas etnias y confesiones, estuvo bajo el control de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) desde 2012. Sin embargo, fue blanco constante del régimen de Bashar al Asad, los aviones rusos y los grupos rebeldes. Los ciclos de violencia han sido tantos que los habitantes han perdido la cuenta de los daños causados por los bombardeos. Fátima Barbaneh, una profesora de origen árabe, describe esta última escalada como una “guerra psicópata”, reflejando el hartazgo y el deseo de un futuro en paz.
14 años en conflicto no es un número, es mi infancia destruida. Estaré en contra de todo aquel que quiera volver a llevarnos a lo mismo. Ya es suficiente.
Fátima Barbaneh, Profesora y vecina de Alepo
Sheij Maqsoud y Ashrafiyeh: Islas Kurdas en un Mar de Conflicto
Durante el último año, Sheij Maqsoud y el vecino pueblo de Ashrafiyeh se convirtieron en reductos bajo control kurdo en una ciudad dominada por el gobierno de Ahmad al Sharaa. Estos barrios representaban la avanzada de Rojava, el territorio kurdo que se extendía por el noreste del país. La caída de Bashar al Asad en 2024 y el acuerdo con las facciones kurdas para integrarlas en el ejército sirio no lograron estabilizar la situación. Las acusaciones mutuas de haber iniciado los combates desencadenaron una nueva ola de violencia.
Regreso a Casa y Nuevas Realidades
Tras seis días de combates, 80 muertos y 140.000 desplazados, algunos habitantes regresaron a Sheij Maqsoud. Fátima Ahmed y Sibar Haçi encontraron refugio en Afrín, una ciudad de mayoría kurda controlada por milicias turcas. Al regresar a sus hogares, se enfrentaron a la falta de servicios básicos como internet y electricidad. Sibar, preocupada por el bienestar de sus hijos, anhela seguridad y oportunidades laborales, independientemente de quién gobierne.
Convivencia y Esperanza en Medio de la Adversidad
A pesar de las dificultades, los vecinos de Sheij Maqsoud intentan reconstruir sus vidas. Zobida Abosouf, vecina árabe de Sibar, expresa su alivio por la integración de la comunidad en el resto de la ciudad, esperando que esto simplifique la vida cotidiana. En medio de la devastación, una boda kurda y la apertura de una nueva cafetería simbolizan la esperanza y la resiliencia de la comunidad.
El Impacto en la Infancia
La violencia ha dejado una profunda huella en los niños de Sheij Maqsoud. Los enfrentamientos sectarios y las preguntas sobre la guerra reflejan la preocupación por un futuro incierto. La división entre árabes y kurdos se ha acentuado en las escuelas, generando tensiones y divisiones entre los compañeros.
El Asedio de Kobane
La operación del gobierno sirio se extendió hasta el noreste kurdo, culminando en el asedio de Kobane. La ciudad ha sufrido la falta de recursos, la escasez de alimentos y la falta de electricidad. Muchos kurdos de zonas rurales han buscado refugio en Kobane, viviendo en condiciones precarias. Una estudiante kurda describe la situación como “esperar la muerte en silencio”, recordando las masacres de 2015.
Un Llamado a la Coexistencia
Ante un Kurdistán que se desvanece en Siria, las voces civiles claman por el pragmatismo y la coexistencia. Fátima, sentada junto a un calentador de keroseno, muestra un dibujo de su hijo Ahmed que fusiona los colores nacionales con el sol kurdo. Este símbolo representa el anhelo de una convivencia pacífica entre vecinos en un barrio agotado por la violencia.













