LA BANALIZACIÓN DE LA GUERRA EN LA ERA DEL ‘SCROLL’ INFINITO

LA BANALIZACIÓN DE LA GUERRA EN LA ERA DEL 'SCROLL' INFINITO
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LA BANALIZACIÓN DE LA GUERRA EN LA ERA DEL 'SCROLL' INFINITO

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El dedo se desliza sobre la pantalla con una familiaridad casi sonámbula. Una oveja saltando una valla, un meme sobre el lunes, el discurso del primer ministro llamando al rearme, un anuncio de crema antiarrugas, un misil impactando en una ciudad de nombre impronunciable.

Todo sucede sin pausa, en un movimiento automático y rítmico, acompasado a un intervalo de tiempo breve. Las imágenes se suceden como en una cinta transportadora, sin mediación ni separación de contextos, creando un irreal enjambre de sucesos.

Susan Sontag advirtió sobre cómo la exposición continua a imágenes atroces podía insensibilizarnos.

Sin embargo, en 2004 matizó que “las fotos brutales exigen una brutalidad previa que es necesario conocer, con la que es necesario encararse”.

La “Gamificación” de la Tragedia

Sontag no conoció el ‘scroll’ infinito de Instagram o TikTok, esta megaconstrucción de la distracción donde la tragedia no solo se observa, sino que se “gamifica”, como en vídeos publicados por la Casa Blanca. Un ejemplo es el vídeo publicado tras el inicio de la guerra contra Irán, un montaje con escenas de películas como ‘Top Gun’ o ‘Gladiator’ bajo el título: «La justicia al estilo americano».

Toda guerra es una tragedia, pero la hemos banalizado hasta tratarla con la misma ligereza que ojeamos el catálogo de Netflix.

Se ha convertido en una forma de entretenimiento, un producto de consumo visual que vemos sin asimilar, comentamos sin entender, compartimos sin empatizar.

Una Batalla por la Conciencia

Puede que la guerra no se luche solo en el frente, sino también en nuestra mente. En el combate diario por preservar la conciencia, por horrorizarnos ante la apatía y el morbo, ante la posibilidad de ser meros espectadores entretenidos por la desgracia contemporánea.

Debemos resistirnos, furiosamente, a la mutilación de nuestra propia humanidad.