El Santo Cristo de la Sangre: Cinco Siglos de Devoción en Mallorca

El Santo Cristo de la Sangre: Cinco Siglos de Devoción en Mallorca
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El Santo Cristo de la Sangre: Cinco Siglos de Devoción en Mallorca

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El Santo Cristo de la Sangre, una de las imágenes más veneradas de Mallorca, intensifica su significado con la llegada de la Semana Santa. Felio Bauzà, autor del libro “El Sant Crist de la Sang, 500 años de devoción en Mallorca” y miembro de su cofradía, ofrece una visión profunda de esta tradición arraigada.

El Misterio de la Fe

Para Bauzà, la perdurabilidad de esta imagen como imán espiritual de la isla reside en “el misterio de la fe”. En una era donde se busca la prueba científica de la existencia de Dios, la fe ofrece la oportunidad de adentrarse en ese misterio y vivirlo plenamente.

La Prohomonía: Guardiana de la Tradición

La Prohomonía, reminiscencia de la antigua cofradía de la sangre de los siglos XV y XVI, actúa como junta directiva. Actualmente, está compuesta por 24 personas divididas en dos grupos de doce.

Los “prohoms” acompañan la imagen, mientras que los “sobreposats” la portan a peso durante la procesión del Jueves Santo.

Ser miembro de la Prohomonía es considerado “un privilegio”. La cofradía mantiene su compromiso durante todo el año, destacando en la procesión del Jueves Santo y la festividad de la Sangre, el primer domingo de julio. El resto del tiempo, se dedican al cuidado de la imagen y asisten al prior en las tareas de la iglesia de la Anunciación.

Requisitos para la Admisión

El acceso a la cofradía implica un compromiso firme y un relevo generacional. Los aspirantes deben ser cristianos bautizados que acrediten su comunión con la Iglesia.

Tras la solicitud, cumplen un noviciado de dos años, y si lo superan, ingresan como miembros de pleno derecho con la aprobación unánime de la Prohomonía.

La Experiencia de los “Sobreposats”

Para los “sobreposats”, el momento de llevar el peso físico del Santo Cristo es único. Bauzà describe la experiencia de caminar y observar la emoción del público como sobrecogedora. La devoción, las miradas, las lágrimas y la emoción de la gente son un privilegio que se repite “como el primer día”.

Durante la procesión, los miembros mantienen el silencio y se concentran en la imagen. Curiosamente, Bauzà señala que el cansancio disminuye a medida que avanza la procesión, sintiendo que el Santo Cristo pesa menos al final del recorrido que al principio.

El “Silencio Sonoro”

Uno de los momentos más impactantes es el silencio sepulcral que se produce en las calles de Palma cuando el Cristo aparece.

Bauzà lo define como un “silencio sonoro”, un momento de introspección que facilita la comunicación con Dios. “Qué mejor compañía que la de nuestro señor cuando uno está solo”, reflexiona sobre esa “soledad acompañada”.

El Regreso a la Anunciación

Es importante destacar que la procesión del Jueves Santo no finaliza en la Catedral. Tras una oración en la Seu, la imagen regresa a su lugar de origen, la iglesia de la Anunciación. Este trayecto de vuelta, aunque “bastante más solitario”, es “igual de intenso” que el de ida.