Jean-Luc Godard, un cineasta siempre en guerra, de Hitler a Palestina

Jean-Luc Godard, un cineasta siempre en guerra, de Hitler a Palestina
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

Jean-Luc Godard, un cineasta siempre en guerra, de Hitler a Palestina

A los quince años, un Jean-Luc Godard adolescente cogió su ejemplar de ‘El mito de Sisifo’, de Albert Camús, y empezó a escribir con tinta negra en sus primeras páginas. Junto a la cita original del libro: ‘Oh, alma mía, no aspires a la vida inmortal, pero agota el campo de lo posible’, de poeta griego Píndaro, él anotó otra de Adolf Hitler: ‘La guerra soy yo’. El imaginario del futuro cineasta estaba resumido en ese pequeño gesto, su gusto por la asociación imposible, por los collage, por la provocación y por los estragos de los conflictos bélicos. Ese era Godard, todo Godard, desde el principio.Esas páginas garabateadas por el director de ‘Al final de la escapada’ son uno de los 400 documentos, la mayoría inéditos, de ‘La fraternidad de las imágenes’, la primera gran retrospectiva sobre la obra cinematográfica de este revolucionario artista.

La Virreina Centro de la Imagen acoge una muestra que indaga en las obsesiones de un cineasta que buscaba la verdad más allá de la literalidad de las imágenes. «Es un niño de la guerra, y siempre le acompañará esta obsesión, de los campos de concentración de la II Guerra Mundial a los conflictos en Argelia, la antigua Yugoslavia, Indochina, Vietnam o Palestina», comenta Manuel Asín, comisario de la exposición.El recorrido de la muestra incluye fragmentos de sus películas, grabaciones de voz, documentos de trabajo, los collages que le servían como una especie de ‘storuboard’ para sus películas, fotografías de rodajes, carteles, dossieres de prensa que él mismo redactaba para sus proyectos o momentos de sus estampas con los ensayos fílmicos ‘Histoire (s) du cinema’. «Sus reflexiones sobre el poder de las imágenes son unas de las más radicales e importantes del siglo XX. Vemos esta evolución desde su primer corto hasta su última película», añade Asín.Noticia relacionada general No No El «mercado negro» del cine: «Hay películas que aparecen escritas por mujeres cuando no es así» Jaime G.

MoraDe esta forma, descubrimos al Godard adolescente, con una ingenua obra plástica de 1947. Llegamos a finales de los 50, los años dorados de la ‘nouvelle vague’, donde sus revolucionarias concepciones del relato fílmico ponen patas arriba la industria. Y vemos luego lo rápido que su actitud irreductible le pone en problemas, como cuando su segunda película, ‘El pequeño soldado’ es censurada y apartada de los cines, sin poder estrenarse hasta años después por sus imágenes de tortura en la guerra de Argelia. «Su director de fotografía fue operador de cámara de la columna Durruti durante la Guerra Civil y participó en la guerra de Indochina.

Siempre se rodeó de colaboradores que habían visto el conflicto cara a cara y no tenía miedo de la confrontación», señala Asín.Pero no es sólo una muestra política, sino que vemos su importante legado estético en la historia del cine. Su tercera película, ‘Los carabineros’ parte de una idea de Roberto Rosselini . La exposición muestra la grabación donde se oye al director italiano explicar su punto de partida a un absorto Godard. La grabación de esta película le dejó exhausto, incluyendo uno de los travellings más largos de la historia del cine, sólo para grabar una larga cola de vehículos atrapados por el tráfico en una escapada de los parisinos burgueses a sus segundas residencias en el campo.

Para ello utilizó todos los railes existentes en Francia, paralizando el resto de rodajes del país, en una especie de ‘boicot’ a sus compañeros. «El soldadito ha desertado de as filas del ejército rosselliniano. ‘Dov’è il cinema?’, protesta. Pero no le puedo ayudar.

Yo también estoy completamente perdido. Ruedo en una zona extraña. Siento que a mi alrededor sobrevuela algo precioso, pero cada vez que le pido a mi operador de cámara que haga una rápida panorámica para capturarlo, ya ha desaparecido», escribirá desesperado en 1960 a François Truffaut , en una de las postales que acoge la exposición.La Virreina exhibe el genio y las obsesiones de GodardOtro de los elementos clave es el rodaje de la película ‘Film Socialisme’ , de 2010, en el que, abordo de un crucero, sigue la misma trayectoria que habría recorrido durante la Guerra Civil el oro de la república y que tiene como última parada Barcelona. Dividida en tres partes, la exposición muestra no sólo imágenes del filme, sino documentos de rodaje o carteles de la película ‘Sierra de Teruel’, de André Malraux, que rodó en Barcelona y Tarragona y sirvió como inspiración al director de ‘Una banda aparte’.La muestra también rastrea su meditación histórica sobre el siglo XX que es la serie ‘Histoire(s) de cinéma’, de 1987 a 1998 , un vasto video ensayo donde el cineasta rastrea la estrecha y manipulable relación entre el cine y la política.

«Una película es un fusil teórico y un fusil es una película práctica. Afortunadamente, no llevo un fusil porque soy tan miope que dispararía a mis amigos; con una película me da la sensación de ser menos miope», asegura en una de las grabaciones que se pueden escuchar en la exposición.Collages y conflictosÉste ‘enfant terrible’ de la cultura europea moría en Ginebra en 2022 siendo siempre fiel a sus ideas. La Fundación Jean-Luc Godard , que se creó tras su muerte, es la que ha facilitado los múltiples documentos que dan una prueba de fe del imaginario godardiano. «El cine es la única forma de arte que, como San Agustín, puede decir que el tiempo es un presente del pasado, del presente y del futuro.

El cine, por tanto, no muestra nunca el pasado, sino el presente del pasado. Por eso, es el único arte que puede mirar a la cara a la muerte sin bajar los ojos», asegurará Godard.La exposición se complementa con una película documento de A lex Reynolds y Robert M. Ochshorn donde quedan registradas una tras otra 23 horas de ruedas de Prensa el el departamento de Estado de Estados Unidos realizó de octubre de 2023 a enero de 2025 sobre el genocidio de Palestina. Bajo el título ‘Un montón de preguntas sin respuesta’, «la cinta quiere resaltar la opacidad de la administración americana delante de la opinión pública», señala bilbaína Alex Reynolds.