Francis Paniego abre su corazón en Santo Domingo de la Calzada: "Este pregón es un diálogo con Jesús"

Francis Paniego abre su corazón en Santo Domingo de la Calzada: "Este pregón es un diálogo con Jesús"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Francis Paniego abre su corazón en Santo Domingo de la Calzada: "Este pregón es un diálogo con Jesús"

El chef riojano Francis Paniego, galardonado con tres estrellas Michelin, ha pronunciado este viernes el pregón de la Semana Santa de Santo Domingo de la Calzada. En un emotivo y personalísimo discurso en la Iglesia del Convento de San Francisco, Paniego ha tejido un relato que une sus recuerdos de infancia, los momentos que le han marcado y una profunda reflexión sobre la fe, que ha definido como “un diálogo entre Jesús y yo”.

Visiblemente emocionado y confesando sus nervios, el cocinero ha comenzado mostrando su “respeto y admiración” por quienes le han precedido en esta tarea y ha agradecido la confianza al párroco, Paco Suárez. “No sé muy bien cómo me atreví a aceptar tu invitación para dar este pregón. Ha habido algo que no alcanzo a explicar, el caso es que aquí estoy y quiero afrontarlo como un ejercicio de encuentro con vosotros, conmigo mismo”, ha confesado.

Paniego ha viajado a sus recuerdos de niñez, cuando pasaba casi a diario por la ciudad.

“Mis ojos se clavaban en la torre de la catedral, me quedaba extasiado viéndola crecer a medida que nos íbamos acercando”, ha rememorado, describiendo cómo su imaginación infantil creaba “mil batallas” alrededor del icónico monumento calceatense.

Esa conexión infantil ha evolucionado con el tiempo, convirtiendo la ciudad en un pilar de su vida. “Aquí veníamos a comprarnos ropa, al dentista, más tarde a estudiar a los Menesianos”, ha relatado. Ya como adulto, su vínculo se ha reforzado al traer a sus hijos al colegio o a sus actividades, llevándole a afirmar con rotundidad, “aunque soy vecino de Ezcaray, puedo decir con orgullo que Santo Domingo también es mi pueblo”.

El momento más sobrecogedor del pregón ha llegado con un recuerdo imborrable del día de Navidad de 1987. Paniego ha narrado el paso del cortejo fúnebre de su hermano Luis Ángel, fallecido con 26 años, por la avenida principal de la ciudad, una mañana “soleada y fría” a la hora del vermú.

“De pronto una comitiva fúnebre, triste y rota, enfilaba la recta hacia Ezcaray.

La gente se paró al vernos pasar. Les vi y les sentí guardar silencio. Algunos se quitaban sus gorros”, ha relatado. Aquella imagen le marcó para siempre y de ella extrajo una lección vital, “sentí verdadero respeto y cariño.

La vida es un viaje y todo lo puede un gesto de respeto”.

El chef ha concebido la escritura del pregón como “una especie de oración”, un diálogo sincero con Jesús en el que ha compartido dudas y agradecimientos. “Pienso en el éxito y en el fracaso, pero antes me estoy imaginando que Jesús se está riendo conmigo y de pronto siento firmemente que me ama, que le gustan mis dudas, mis idas y venidas”, ha expresado.

En esa conversación íntima, ha dado las gracias por su familia —sus padres Marisa y Félix, su mujer Luisa y sus hijos Berta, Teresa y Quique— y ha pedido perdón “por no estar tantas veces a la altura”. También ha reflexionado sobre el sentido de la Cuaresma como “una oportunidad para volver a sentirnos hijos de Dios”, un momento para renovar la fe y recordar un mensaje clave.

Paniego ha defendido la fe como un “mapa del tesoro que nos lleva hasta la vida eterna” y ha cuestionado con respeto a quienes no creen. “¿Qué extraño me parece prescindir voluntariamente de la esperanza, prescindir del regalo que supone creer que algún día volveremos a encontrarnos con nuestros seres queridos?”, se ha preguntado, subrayando que la libertad de creer es el gran misterio que Dios ofrece al ser humano.

Finalmente, ha concluido que su pregón es, en esencia, lo mismo que la Semana Santa que ahora comienza, “un instante sincero con nosotros mismos y con Jesús, un momento de reflexión, una renovación de la fe, una oración compartida”.

Un cierre que resume el espíritu de un discurso que ha conectado la alta cocina con la profundidad del alma.