Elisa rompe el silencio sobre sus abortos y revela un abuso infantil como causa subyacente

Elisa rompe el silencio sobre sus abortos y revela un abuso infantil como causa subyacente
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Elisa rompe el silencio sobre sus abortos y revela un abuso infantil como causa subyacente

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Elisa, una joven de 30 años originaria de Medina de las Torres (Badajoz), ha compartido un relato conmovedor sobre el dolor y la sanación tras experimentar cuatro abortos. De los cinco embarazos que ha tenido, solo uno llegó a término. Los otros cuatro, como ella misma dice, “están en el cielo”. En conmemoración del Día Mundial de la Vida, Elisa ha decidido hacer pública su historia, afirmando que hablar de ello es un acto “sanador” que le permite sentirse más cerca de los hijos que perdió.

Un trauma oculto

Durante mucho tiempo, Elisa se culpó a sí misma por las decisiones que tomó, sin comprender completamente las razones detrás de ellas.

Recientemente, con la ayuda de profesionales de asociaciones provida, ha logrado identificar la raíz de sus problemas. “Sufrí un abuso sexual en mi infancia, un hecho que siempre estuvo oculto y del que fui consciente después del último aborto”, revela.

Según explica, este trauma infantil fue el desencadenante de los abortos, generando una desconexión entre su mente y su cuerpo. Elisa asegura que nunca se sintió verdaderamente libre al tomar la decisión de interrumpir sus embarazos. “Ojalá hubiera tenido la opción de poder tomar otra decisión en esos momentos”, lamenta.

Presión y falta de alternativas

En su experiencia, siempre existió una fuerte presión, ya sea por motivos económicos, médicos, de pareja o por influencia de su entorno cercano, que veía el aborto como la única solución ante las dificultades.

Elisa critica la frialdad del sistema sanitario, donde el proceso se vuelve impersonal y deshumanizado. “No hablan contigo, intentan hablar lo mínimo posible”, describe.

Relata cómo los profesionales se limitan a seguir un protocolo, sin ofrecer alternativas ni permitir que la mujer participe activamente en el proceso. “Te dicen que no pasa nada, pero tú sales de allí sintiendo en el corazón que sí pasa”, afirma sobre su experiencia en la clínica.

Un aborto forzado

El cuarto aborto fue particularmente traumático, ya que Elisa se vio “obligada mediante amenazas bastante fuertes” a interrumpir su embarazo, cuando su intención era seguir adelante. Lo califica de “criminal” y asume con dolor: “He colaborado inconscientemente y he entregado mi cuerpo para que se lleven a esa criatura”.

Reconciliación y esperanza

El proceso de reconciliación consigo misma está siendo largo y difícil.

“Me he perdonado, pero sigo en el camino del perdón”, confiesa. Considera que es un error tan grande que lo llevará en su corazón para siempre. Parte de su sanación ha llegado a través de la fe y la confesión, que le han dado tranquilidad para continuar. Su mayor motivación ahora es dar voz a su historia para que otras mujeres no pasen por lo mismo.

Elisa concluye con un mensaje de esperanza, destacando la existencia de una red de ayuda a la que nunca tuvo acceso.

“Nadie sabe que realmente sí se puede ayudar”, asegura, refiriéndose a las asociaciones que apoyan a las madres. Está convencida de que si hubiera conocido este respaldo, “jamás en la vida hubiera abortado”.