
¿Por qué defender el derecho al aborto es radicalmente 'provida'?
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Una operación de rodilla o la extirpación de un quiste raramente se ocultan. Tampoco una endoscopia, una laparoscopia o la eliminación de una mancha sospechosa. Las visitas al traumatólogo, endocrino o neurólogo no suelen ser motivo de vergüenza. No mentimos sobre esas citas médicas ni escondemos las razones de bajas laborales.
Sin embargo, con el aborto la situación es diferente. Se tiende a mantenerlo en secreto, como si fuera algo de lo que avergonzarse o que debiera excluirse de la propia conciencia. Incluso para quienes lo vivieron como un acto de emancipación y autonomía, el aborto a menudo no se pronuncia en voz alta.
Un derecho en disputa
Aunque el aborto es un derecho, en algunos lugares ya conquistado y en otros aún en lucha, siempre se encuentra en disputa. Este silencio persiste a pesar de que la alternativa al aborto legal y seguro es la maternidad forzosa, incluso en adolescentes y niñas, negando a las mujeres el derecho a decidir sobre sus vidas.
La falta de acceso al aborto legal y seguro sigue siendo una de las principales causas de muerte materna en el mundo. La interrupción voluntaria del embarazo representa el corazón de la autonomía femenina, la rebelión contra la libertad sexual y la maternidad impuesta, y contra la idea de que la vida de las mujeres puede ser moldeada y controlada.
Esta posibilidad amenaza el proyecto patriarcal que, en alianza con el capitalismo y el racismo, genera ciudadanos de primera, segunda y tercera clase. Por eso existe una feroz resistencia contra el aborto, liderada por quienes desmantelan la vida en otros ámbitos.
El silencio y la palabra: actos colectivos
Ni el silencio ni la palabra son actos individuales, al igual que la vergüenza o la culpa. Grupos religiosos, la derecha y la ultraderecha promueven estos sentimientos para recortar de facto el acceso al aborto. Sus discursos están llenos de comentarios ofensivos hacia las mujeres que han abortado, señalándolas como seres irreflexivos, egoístas e irresponsables.
Este estigma dificulta que muchas mujeres hablen abiertamente, alimentando la desinformación y el miedo. Cuando se comparten relatos de abortos, se percibe alivio, como si contar la historia fuera una liberación. Participar en un relato colectivo genera la sensación de ser escuchadas, acogidas y comprendidas.
Las vivencias individuales a menudo se consideran irrelevantes, perpetuando la idea de que las experiencias de las mujeres no son importantes. Sumado al peso de la culpa y la vergüenza, la combinación es demoledora. Por eso sabemos poco sobre embarazos, partos, pérdidas perinatales, violencia sexual, deseo femenino, climaterio, menopausia y abortos.
El objetivo de compartir estas historias es contribuir a una historia pública y compartida sobre la interrupción voluntaria del embarazo, que sirva para ayudar a otras mujeres, dar batalla al estigma y consolidar la importancia de este derecho.
¿Quién es realmente ‘provida’?
La retórica de quienes buscan prohibir o limitar el derecho al aborto se basa en la defensa de “la vida”, autoproclamándose “provida”. Sin embargo, esta postura es cuestionable.
Quienes se oponen al aborto a menudo parecen perder el interés por la vida una vez que el feto nace, convirtiéndose en un ser humano con plenos derechos que debe ser sostenido y atendido con dignidad y garantías.
Estos mismos grupos demonizan el gasto público, rinden culto al déficit y al individualismo, desmantelan los servicios públicos, promueven privatizaciones, recortes en dependencia y reformas laborales draconianas. Se quejan del aumento del salario mínimo y de los permisos para cuidar, y rechazan intervenir en el mercado de la vivienda y aprobar prestaciones universales para la infancia.
Lo que olvidan es que la posibilidad de abortar afecta a mujeres vivas, seres completos con autonomía y derechos. La vida de estas mujeres se ve directamente impactada por la posibilidad o no de acceder a este derecho. Defender la vida no es solo nacer o respirar, sino vivir con dignidad y derechos, con la capacidad de decidir y de ser cuidadas.
Defender la interrupción voluntaria del embarazo es, en esencia, estar a favor de la vida. Defender el derecho al aborto es radicalmente provida.













