Semana Santa en Jerusalén: Celebraciones a Puerta Cerrada en un Contexto de Tensión

Semana Santa en Jerusalén: Celebraciones a Puerta Cerrada en un Contexto de Tensión
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Semana Santa en Jerusalén: Celebraciones a Puerta Cerrada en un Contexto de Tensión

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La Semana Santa en Jerusalén se desarrolla este año de manera excepcional, marcada por la tensión y las restricciones. La tradicional procesión del Domingo de Ramos ha sido cancelada, y las puertas del Santo Sepulcro permanecen cerradas, una situación inédita en siglos.

Celebraciones Litúrgicas a Puerta Cerrada

Si bien la procesión pública ha sido suspendida, las celebraciones litúrgicas sí se llevarán a cabo en las parroquias y dentro del Santo Sepulcro. Sin embargo, estas ceremonias serán a puerta cerrada, realizadas exclusivamente por la comunidad franciscana que custodia el santuario. El acceso al Santo Sepulcro está restringido, impidiendo la entrada incluso a otros religiosos.

La situación es tal que ningún peregrino puede acceder al lugar más sagrado para el cristianismo durante su semana más importante.

La clausura, aunque estricta, permite el acceso en caso de urgencia.

Impacto de la Tensión en la Vida Cristiana

El conflicto no solo afecta las celebraciones, sino también la vida diaria de los cristianos en Tierra Santa. Existe una creciente presión por parte de colonos, tanto en Cisjordania como en la ciudad vieja, acompañada de una respuesta considerada pasiva por parte de las autoridades israelíes. Localidades como Taybeh, el único pueblo completamente cristiano, enfrentan dificultades, al igual que el acceso a Belén debido a los controles.

Normalidad Aparente y Resiliencia

En contraste, la ciudad nueva de Jerusalén mantiene una aparente normalidad, aunque con una notable presencia policial y el cierre de muchos comercios no esenciales. El impacto económico es particularmente severo en Belén, donde la ausencia de peregrinos ha paralizado la actividad comercial.

A pesar de la tensión constante, los cristianos que residen en Tierra Santa han desarrollado una notable resiliencia.

La interrupción de una misa del cardenal Pizzavala en Nazaret por el sonido de las sirenas ilustra la situación, pero la comunidad se adapta a la incertidumbre y al peligro, afrontando la situación con pragmatismo.

Esta adaptación se refleja en la aceptación del peligro constante de los avisos y las explosiones. Muchos han adoptado una actitud filosófica, aceptando que el destino es incierto y que, si les toca, “pues me tocó”.