
¿Qué ocurre con la herencia si ambos cónyuges fallecen sin hijos?
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Cuando un matrimonio sin descendencia decide otorgar testamento, la práctica más común es designarse mutuamente como herederos universales. Esta decisión, aparentemente sencilla, tiene como objetivo proteger al cónyuge sobreviviente, garantizando su estabilidad económica y permitiéndole mantener su nivel de vida.
Sin embargo, esta elección puede tener consecuencias inesperadas a largo plazo. Muchas parejas no consideran qué sucederá con el patrimonio cuando ambos hayan fallecido. Una planificación testamentaria deficiente puede llevar a que todos los bienes, incluso aquellos que originalmente pertenecían a una de las familias, terminen en manos de la otra.
Un caso práctico
Para ilustrar este traspaso de patrimonio, imaginemos un matrimonio, María y Felipe, que al no tener hijos, se nombran herederos universales en sus respectivos testamentos.
Cuando Felipe fallece primero, María hereda la totalidad de sus bienes, desde inmuebles hasta cuentas bancarias. En ese momento, la herencia de Felipe se fusiona con el patrimonio personal de María. La situación cambia drásticamente cuando María fallece años después. Su testamento determinará el destino final de todos los bienes, incluidos los que recibió de su marido.
Si María ha designado como herederos a sus propios familiares, como sus hermanos o sobrinos, serán ellos quienes reciban la totalidad de la herencia.
Los bienes que pertenecieron a Felipe y a su familia no regresarán a su origen, sino que pasarán a la familia de su esposa. Esta situación, que puede generar sorpresas y tensiones familiares, no se debe a un error legal, sino a una falta de previsión al redactar el testamento.
Soluciones para evitarlo
Afortunadamente, existen mecanismos legales para evitar este escenario y asegurar que el patrimonio familiar regrese a su lugar de origen. La clave, según los especialistas, reside en ir más allá de la simple designación de heredero universal. Es posible evitarlo mediante un testamento que prevea esta situación, incorporando cláusulas específicas que condicionen el destino de los bienes tras el segundo fallecimiento.
La sustitución fideicomisaria de residuo
Una de las herramientas más eficaces es la “sustitución fideicomisaria de residuo”.
A través de esta disposición, el testador puede establecer que, tras la muerte de su cónyuge, los bienes que le transmitió (o lo que quede de ellos) pasen a las personas que él decida, que normalmente son sus propios familiares. De esta forma, se respeta el deseo de proteger al viudo o viuda en vida, pero se asegura que el patrimonio regrese a su familia de origen.
Por lo tanto, es fundamental contar con el asesoramiento de un abogado experto en sucesiones para redactar un testamento que refleje fielmente la voluntad del testador y evite consecuencias no deseadas. Una planificación adecuada garantiza la tranquilidad de que el legado familiar perdurará en el tiempo según los deseos de su propietario original.













