
De Guadalupe a Roma a pie: Una aventura solidaria plasmada en un libro
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Dos toledanos, Jesús Monja y Jesús Pino, hicieron realidad un sueño que parecía inalcanzable: recorrer a pie más de 2.600 kilómetros desde el monasterio de Guadalupe hasta Roma. Cuatro meses de camino, superando obstáculos y atesorando vivencias que ahora comparten en el libro “De Guadalupe a Roma pasando por Oropesa”. Los beneficios de este libro se destinarán a la obra social del Hospital Universitario San Rafael de Madrid.
El origen de la peregrinación
La idea surgió en 2022, dos años antes de emprender la marcha. Jesús Pino, a punto de jubilarse, y Jesús Monja, militar en la reserva, compartían la inquietud de peregrinar a Roma.
“Se lo propuse pensando que lo aceptaría porque sé que es también caminante”, recuerda Monja. La respuesta fue un sí rotundo.
Guadalupe fue el punto de partida elegido por Monja, una decisión que Pino califica de “acierto tremendo”. Pino tiene un vínculo especial con el monasterio, al que ha peregrinado desde Oropesa en numerosas ocasiones. “Guadalupe tiene esa anomalía de ser tan extremeño, pero pertenece a la diócesis de Toledo, o sea, que de alguna manera seguíamos en Toledo”, explica.
La bondad en el camino
Si algo marcó a los peregrinos fue la generosidad de las personas que encontraron a lo largo de la ruta.
Recuerdan cómo desconocidos se ofrecieron a cargar sus mochilas o les brindaron ayuda espontánea. En Italia, una zapatera les obsequió con fruta y agua fresca. En Francia, una joven argelina les preparó macarrones al ver que los establecimientos estaban cerrados. “Esos gestos de espontaneidad y amabilidad nos llegaron mucho al corazón”, afirma Monja.
Para Pino, esta experiencia significó “reconciliarte con el género humano”.
Descubrieron que, a pesar de las dificultades, “predomina con muchísima diferencia la gente buena”. La travesía les enseñó que “si quieres algo y lo persigues con humildad, lo puedes conseguir”.
Un encuentro inesperado con el Papa Francisco
El viaje culminó con un encuentro inesperado con el Papa Francisco en Roma. “Si ya lo de ir a Roma era una locura, ¿cómo íbamos a pensar que íbamos a poder saludar al papa?”, reconoce Pino.
Durante el breve encuentro, le explicaron que venían “peregrinando desde Guadalupe” y le pidieron que bendijera el rosario que les había acompañado durante el camino. El Papa tomó el rosario, lo bendijo y, sin decir palabra, “simplemente nos sonrió, y eso para nosotros fue el mejor regalo”, relata Monja.
Un sueño cumplido
Con el paso del tiempo, ambos definen el viaje como “un sueño cumplido”.
Una experiencia que, según Monja, “nos ha marcado hasta ahora y nos va a marcar en nuestra vida”. Confiesa que no pasa un día sin que recuerde lo vivido durante la peregrinación a Roma.













