
Historia de las antiguas cocheras de Fernández en León: Innovación, abandono y picaresca
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Las antiguas cocheras de Fernández, uno de los edificios más singulares de León, tienen una historia marcada por la innovación, el abandono y la picaresca. La historia de este edificio fue revelada en el programa ‘Mediodía en COPE León’, donde el experto Pepe Álvarez Guerra relató su origen y evolución.
Orígenes en los años 50 y la innovación de las ‘balas de plata’
En los años 50, Martiniano Fernández, propietario de la que fuera la empresa de transportes más grande de León, adquirió un terreno que se extendía desde la actual calle Colón hasta Papalaguinda.
En 1951, encargó la construcción de un primer edificio de una planta destinado a taquillas y garaje, que se convirtió en el centro de operaciones de su compañía.
La empresa era famosa por sus autobuses, conocidos como ‘balas de plata’, ya que Fernández los fabricaba él mismo utilizando aluminio. Estos vehículos contaban con un sistema de calefacción único, basado en tubos de agua caliente instalados en el suelo.
Ampliación fallida y abandono del proyecto hotelero
En 1957, Fernández decidió ampliar el complejo con la construcción de un hotel de ocho plantas.
Sin embargo, el proyecto se detuvo y la estructura del edificio quedó abandonada durante años. La planta baja se mantuvo como un espacio “un poquito destartalado y frío, brutalista”, según Álvarez Guerra, donde se ubicaban las dársenas de los autocares.
Una anécdota recordada es la maniobra peligrosa que los autobuses debían realizar para entrar y salir, lo que obligó a ensanchar la calle Cardenal Lorenzana.
Picaresca y rehabilitación del inmueble
Fernández tuvo constantes disputas con el ayuntamiento, llegando a levantar una pared de tres plantas con ventanas vacías para ocultar la baja altura de las naves, un acto de pura “picaresca”.
Tras años de abandono, el edificio fue adquirido por Juanjo Tejera y Luis Ameijide, quienes lo rehabilitaron para convertirlo en viviendas.
La reforma más reciente, a cargo de Martín Negral, transformó la planta baja en locales comerciales y eliminó las antiguas dársenas. Aunque Álvarez Guerra lamentó la pérdida de esta construcción interesante, reconoció que el resultado final del edificio “quedó bastante bien”.













