
William Christie y Les Arts Florissants ofrecen una vacilante inauguración del FIAS madrileño
Hace ya cuarenta y cinco años que el director diseñó la identidad del grupo junto con el dramaturgo y director de escena Jean‑Marie Villégier . Habitualmente se señala que Christie es un recuperador de obras ‘descuidadas y olvidadas’. Así lo hace el programa de mano de este concierto, por un lado generoso en datos sobre los participantes y por otro tan tacaño a la hora de proporcionar información sobre las obras interpretadas. La afirmación, aunque innegable, es parcial.
La relevancia de Christie en el ámbito de la música antigua tiene mucho que ver con la posibilidad de insertar en el imaginario colectivo una imagen sonora con propósito de fidelidad de las obras de Rameau, de Charpentier o de Lully, por citar a compositores que le acompañaron desde el comienzo al margen de extensiones más discutibles hacia Purcell o Haendel. Noticia relacionada No No Concierto Josetxu Obregón: «Hoy busco proyectos musicales que me planteen preguntas, no sólo respuestas» Andrés González-BarbaA finales de los setenta, Villégier explicaba la importancia de renovar la escena barroca francesa sobre principios inéditos en relación con la dicción, la declamación y la teatralidad. Nació entonces ese particular modo en que Christie fusiona la palabra y la música, la pomposidad de la corte barroca francesa y su intimidad: una mezcla de refinamiento, aristocracia, riqueza decorativa y concentrada reflexión. En aquellos años de conjeturas, Villégier hablaba de violencia teatral, de prender el fuego, del calor, de la brasa y la chispa.
Casi cinco décadas después la estrategia retórica se ha moderado sin dejar de mantener la intensidad y la distinción: dos rasgos que unidos a la calidad interpretativa han convertido a Christie y a su grupo en un fenómeno excepcional. En 2020, el director cedió la titularidad de Les Arts Florissants al británico Paul Agnew , pero sigue en activo. A la vista de lo observado en Madrid, con un gesto menos preciso pero con el carácter sigue intachable: tan pronto se adorna con una sonrisa hacia los intérpretes —varios de ellos compañeros de fatigas desde las primeras aventuras musicales— o hacia los espectadores que le jalean tras el concierto, como se gira en un gesto de implacable desprecio hacia quienes tosen en alguna de las pausas.Para la nueva estancia madrileña, Christie ha dirigido un primer programa dedicado a André Campra (1660–1744), maestro en Notre-Dame, en la Ópera de París, creador de la ópera-ballet y autor, en sus últimos años, de estimable música sacra. Destacan el ‘Miserere (salmo 50)’ y la ‘Messe de requiem’, que Christie grabó discográficamente en 2023.
También puede verse en YouTube la filmación del concierto ofrecido en diciembre de ese mismo año en la Chapelle Royale de Versalles. Asumiendo todas las intervenciones técnicas que se quieran añadir durante el proceso de edición, ambos registros sirven para identificar lo mucho que se puede hacer con estas obras y el poco rendimiento de la interpretación madrileña.Les Arts Florissants se han presentado con una plantilla algo más reducida, posiblemente por cuestiones presupuestarias, y modificando la colocación del grupo instrumental, quizá para mitigar las dificultades acústicas de la sala roja de los Teatros del Canal. Aun así, Christie y su grupo apenas alcanzaron a fundamentar un concierto al nivel de sus propias expectativas. La mejoría fue evidente a lo largo del mismo, pero el resultado global no terminó de alcanzar el nivel de quienes han sido capaces de convertir la exquisitez en un estilo.
Predominó la falta de cohesión en el grupo vocal, el irregular equilibrio interno entre las voces, la falta de precisión en momentos determinantes y, lo más importante, la mediana calidad de las intervenciones solistas en un contexto instrumental poco cohesionado. Incluso los grandes tienen sus días equivocados. Pero cabe la reparación a través de la música de Couperin, Mozart y Haydn que estará presente en los próximos dos conciertos.













