
La grieta salarial de Extremadura con España se agranda: "Hay que cambiar el modelo productivo"
La realidad económica de Extremadura muestra una preocupante divergencia con el resto de España. Según el análisis del economista Jesús Bardají, no solo los salarios son los más bajos del país, sino que también crecen a un ritmo mucho menor. Mientras que el salario medio en España se sitúa en torno a los 2.400 euros mensuales, en la comunidad extremeña apenas alcanza los 2.000 euros. Esta brecha, lejos de cerrarse, amenaza con ampliarse, ya que los sueldos a nivel nacional han crecido alrededor de un 4 %, frente al escaso 1,5 % registrado en la región.
Al analizar la estructura del mercado laboral extremeño, uno de los datos más reveladores es el elevado peso del Salario Mínimo Interprofesional (SMI).
Cerca de un 25% de los trabajadores de la región cobran el SMI, un porcentaje notablemente superior al de otras comunidades. Esto indica que una parte muy importante del empleo se concentra en la franja más baja de la escala salarial.
Según Bardají, el modelo productivo de Extremadura, muy dependiente de la agricultura y los servicios básicos, limita el crecimiento salarial. La escasa presencia de grandes empresas privadas y la falta de competencia por el talento son factores clave. “No solo es que paguemos menos, es que hay menos incentivos para pagar más”, señala el economista.
Esta dinámica impide la retención de trabajadores cualificados y frena la revalorización de las nóminas.
Las consecuencias de este panorama son claras y afectan directamente a la población. La principal es una notable pérdida de poder adquisitivo y una creciente dificultad para ahorrar. Sin embargo, el efecto más pernicioso a largo plazo es la fuga de talento, ya que muchos jóvenes formados deciden marcharse de la región en busca de mejores salarios y más oportunidades laborales.
Para revertir esta situación, Bardají propone varias líneas de actuación. La primera es una apuesta decidida por la reindustrialización en sectores como la agroindustria, la energía o la logística, ya que la industria paga salarios entre un 20 % y un 30 % más altos que los servicios.
También subraya la necesidad de favorecer el crecimiento de las empresas para pasar de un tejido de microempresas a uno con compañías más grandes y salarios más atractivos.
Asimismo, el economista considera fundamental mejorar la formación, con un impulso a la Formación Profesional (FP) y una mayor conexión entre el sistema educativo y las necesidades del mercado. Por último, aboga por aprovechar las ventajas competitivas de la región, como la energía o el sector agroalimentario, para desarrollar actividades de mayor valor añadido y generar un entorno de competencia empresarial que impulse la subida de los salarios para atraer y retener el talento.
La idea final que recalca el experto es contundente: el problema no es solo que los salarios sean más bajos, sino que crecen menos. “Mientras no cambiemos el modelo productivo, la brecha con el resto de España va a seguir existiendo”, advierte. Si no se toman medidas, esta diferencia no solo se mantendrá, sino que probablemente se ampliará en los próximos años.













