Avergoncémonos todos

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Avergoncémonos todos

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Las reflexiones del rey de España sobre la conquista de México, donde reconoció “muchos abusos”, han generado debate. Si bien algunos las consideran excesivas, otros las ven insuficientes. Más allá de la polémica, surge la pregunta: ¿no sería mejor avergonzarnos, conjuntamente, por las atrocidades e injusticias cometidas y las que se siguen cometiendo?

El historiador Carlo Ginzburg escribió: “El país al que se pertenece es el país del que uno se avergüenza”. En España, muchos se avergüenzan de la Guerra Civil. En México, la matanza de la Plaza de las Tres Culturas sigue siendo una herida abierta.

La matanza de Tlatelolco y la vergüenza de Octavio Paz

El 2 de octubre de 1968, una manifestación en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México, fue brutalmente reprimida. Cientos de personas, en su mayoría estudiantes, fueron acribilladas por el ejército. Octavio Paz, entonces embajador en India, reaccionó dimitiendo de su cargo y escribiendo el poema “La limpidez”, donde cita a Marx: “La vergüenza es ira vuelta contra uno mismo: Si una nación entera se avergüenza Es león que se agazapa Para saltar”.

Estos versos, inspirados en una carta de Karl Marx a Arnold Ruge, reflejan la idea de que la vergüenza puede ser una fuerza revolucionaria. Marx argumentaba que la vergüenza es una forma de ira interna y que, si una nación entera la siente, puede desencadenar un cambio profundo.

¿Un león que salta al vacío?

Sin embargo, Paz concluye su poema con una nota de escepticismo, sugiriendo que la “limpidez” de las razones de Estado y la corrupción pueden imponerse, impidiendo que se escriba algo “que valga la pena”. El siglo XX demostró que el león puede no saltar, o saltar al vacío. El propio Paz confesó sentirse “apenado, avergonzado, furioso” por la situación política en su país.

La vergüenza del mundo

Primo Levi, superviviente de Auschwitz, describió cómo la vergüenza sumergía a las víctimas del nazismo. En su último libro, habló de “una vergüenza más vasta”, de la “vergüenza del mundo”, como “el mar de dolor, pasado y presente, que nos rodea y aumenta año tras año hasta casi ahogarnos”. Ginzburg señala que “solo en casos extremos experimenta el mundo ese tipo de vergüenza”.

Indudablemente, el mundo se encuentra en uno de esos momentos de ignominia. El estado actual del mundo es de vergüenza.

Vergüenza y acción

Avergonzarse no es lo mismo que culparse ni resignarse. La vergüenza obliga a reaccionar. Ante la violencia y la injusticia, la respuesta de los avergonzados es inevitable.

Para enfrentarse a la desvergüenza, son necesarias las tres respuestas del joven Marx: “Hacer la vergüenza aún más vergonzosa, pregónandola”; pasar de la vergüenza a la crítica; pasar de la crítica a la acción.