
NUEVO TITULO: Cristian Pérez: De la cornada en Las Ventas a la esperanza de un futuro en el toreo
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El teléfono, que había permanecido casi en silencio durante dos años, volvió a sonar con fuerza en la habitación del Hospital Fraternidad. Cristian Pérez, a pesar del dolor que le impedía dormir, se sentía satisfecho, consciente de que el esfuerzo había valido la pena. Aunque aún no dimensiona la repercusión de su confirmación en Madrid, se muestra orgulloso de su actuación.
«Ahora puedo esperar, porque sé que soy capaz. Si ayer no pasa nada, ¿a qué iba a esperar?», comenta Pérez, mientras amigos se acercan a interesarse por su estado y el móvil no deja de vibrar.
A pesar del dolor y el cansancio, se siente feliz porque ve la luz al final del túnel: «Veo que puedo empezar a caminar poco a poco en la profesión. Esto me hacía falta como el comer».
Con los pies en la tierra, Pérez afrontó Madrid como una prueba de todo o nada. «Era el día de dar un paso adelante o quitarme de la profesión, y creo que demostré cómo tiene que ir un torero a Madrid: no hubo ni trampa ni cartón, hubo entrega, hubo verdad y también cabeza, que es necesaria en este tipo de corridas» afirma el torero que solo cuenta con siete corridas de toros y dos años de inactividad.
La entrega fue evidente, como lo demuestra la cornada de 25 centímetros en el gemelo de la pierna derecha y los múltiples varetazos en todo el cuerpo. «Para mí fue una medalla por todo lo que llevo caminado, por estos años que he luchado en soledad.
Ha sido como una recompensa que me ha devuelto a la vida», declara.
La tarde en Las Ventas: Entre el vendaval y la cornada
Pérez recuerda el primer toro, un astifino de Dolores Aguirre al que se enfrentó en medio de un vendaval: «Fue un toro muy especial. Sabía que tenía que estar muy dispuesto y olvidarme del viento. Sentí momentos muy bonitos, y cómo Madrid entró en la tanda al natural». La petición no se hizo esperar, pero el premio se quedó en una vuelta al ruedo.
La espera del sexto toro se hizo eterna, pero Pérez sabía que debía dar un paso adelante.
«Había que estar pendiente de todas las lidias. Pero a la muerte del quinto sabía que ese era el toro en el que había que volver a tirar la moneda, dar otro paso adelante para que la gente se fuera hablando de mí».
Jesús de Alba, amigo del torero le advirtió sobre la exigencia del toro. «El toro va a ser exigente y hay que estar muy de verdad». Y Cristian respondió: «Maestro, lo sé, pero cuando me ponga firme me va a echar mano, porque lo veo detrás de la mata».
El inicio de faena por bajo despertó los olés de Madrid, y la primera tanda por la derecha presagiaba algo grande.
Sin embargo, el toro lo cogió brutalmente. La plaza quedó en silencio y en la enfermería, Pérez solo pensaba en volver. «Cuando me quitaron las manoletinas dije que pararan, que quería salir. Me dijeron que no podía, pero yo tenía en la cabeza cómo se había quedado la faena, que aquello estaba rompiendo y quería rematarla».
Al intentar incorporarse, el cuerpo no respondió: «No podía mover ni el cuello ni la espalda.
Estaba como paralizado. No me dejaron levantarme y me durmieron. No supe más hasta que llegué al hospital». Aun así, tranquilizaba a los suyos: la herida era grande, pero no era lo que más le importaba.
Un milagro y la mirada puesta en el futuro
Al ver el vídeo de la cogida, Pérez se dio cuenta de la magnitud de lo sucedido.
«Fue un milagro que se quedara en esto. Volví a nacer». Ahora, solo piensa en el futuro: «Uno quiere ser torero. Y ahora quiero entrar en las ferias importantes, que vean a ese Cristian Pérez con entrega y verdad, pero también poder cuajar un toro bueno de verdad, pegarle veinte muletazos de delante hacia atrás y que se vea la evolución».
Sueña con Francia, con Albacete, Pamplona, Bilbao, volver a Madrid o torear en su Hellín.
Los plazos de recuperación serán de quince a veinte días por la cornada. También le están revisando los ligamentos de las cervicales y la columna, aunque «parece que no es nada grave».
«En cuanto me den el alta quiero empezar con la rehabilitación. Ojalá suene el teléfono. Es buena fecha y hay muchas cosas por cerrarse», concluye Pérez.
Antes de comenzar la corrida, Cristian se acercó a una esquina de la plaza, besó la pared y se santiguó, buscando la protección de Iván Fandiño.













