Luciano Sánchez, ganadero de wagyu en Cantabria: "Me puse a investigar y tuve que irme a Australia para traer un embrión"

Luciano Sánchez, ganadero de wagyu en Cantabria: "Me puse a investigar y tuve que irme a Australia para traer un embrión"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Luciano Sánchez, ganadero de wagyu en Cantabria: "Me puse a investigar y tuve que irme a Australia para traer un embrión"

Lo que parece una idea exótica es una realidad en Omoño, un pequeño pueblo de Ribamontán al Monte. En Cantabria hay cerca de 280.000 cabezas de ganado vacuno, pero solo unas 40 o 50 son de wagyu.

Esta cifra demuestra que no se trata de una producción en masa, sino de una apuesta por la diferenciación en un sector muy competitivo.

La historia de este proyecto nace de la curiosidad de Luciano Sánchez, un ganadero que hace más de una década decidió investigar razas diferentes. En un momento en que el wagyu era prácticamente desconocido en España y Japón había prohibido la exportación de su genética, Sánchez buscó una alternativa.

La encontró en Australia, desde donde importó los embriones que dieron comienzo a su explotación.

La principal característica del wagyu es su alto grado de infiltración de grasa intramuscular, conocido como marmoleado. Esta grasa, rica en ácidos grasos como el omega 3 y el omega 6, se distribuye dentro del músculo, lo que da como resultado una carne más jugosa, tierna y con una textura y sabor completamente distintos.

Esta cualidad es la que ha consolidado su imagen como un producto prémium a nivel mundial.

El valor de esta carne se refleja en su precio. Un solomillo de wagyu puede superar fácilmente los 100 euros, posicionándolo como un producto de lujo destinado a ocasiones especiales.

Sin embargo, su elevado coste no garantiza una rentabilidad sencilla, ya que el proceso de cría es lento y requiere una inversión considerable.

La viabilidad de vivir del wagyu en Cantabria es posible, pero con importantes matices. Luciano Sánchez gestiona una explotación pequeña y muy especializada de solo 23 animales, un modelo basado en el valor y no en el volumen.

El proceso de cría es lento y demanda una inversión y conocimientos específicos, lo que lo aleja de ser una apuesta rápida.

A pesar de las dificultades, el interés por esta carne ha crecido en los últimos años. En España, el número de cabezas registradas ha aumentado de unas 250 a más de 600, un crecimiento notable que, sin embargo, sigue situando al wagyu como un producto minoritario dentro del sector ganadero nacional.

La cría de wagyu en Cantabria no solo introduce un producto exclusivo, sino que también plantea un modelo de negocio alternativo al tradicional, basado en razas autóctonas.

La lógica aquí es producir menos cantidad pero con más valor, abriendo una nueva vía para los ganaderos que buscan diferenciarse en un sector cada vez más exigente. No se trata de sustituir el modelo existente, sino de complementarlo.

Queda en el aire si la cría de wagyu se consolidará como una oportunidad real para más ganaderos o si permanecerá como un caso aislado.

Lo que esta iniciativa demuestra es la importancia de la capacidad de adaptarse, de explorar nuevos caminos y de asumir riesgos para innovar en un sector tan fundamental como el ganadero.