
Don Carlos Escribano, arzobispo de Zaragoza: "En la Semana Santa el Misterio traspasa la epidermis y se queda en el corazón"
La Semana Santa es mucho más que una tradición o una simple escapada vacacional. Es “la semana grande de los cristianos”, un tiempo para la reflexión y para vivir con intensidad el misterio de la fe. Así lo ha expresado el arzobispo de Zaragoza, Monseñor Carlos Escribano, en una entrevista en COPE Zaragoza, donde ha invitado a no perder el foco de lo que se celebra y a descubrir la riqueza espiritual que atesoran estos días, incluso en aquellos detalles que a menudo “pasan desapercibidos” para el gran público.
Para el arzobispo, toda la liturgia de la Semana Santa está diseñada para “mantener viva esa tensión” espiritual. Desde el Jueves Santo, con la rememoración de la Última Cena y el simbólico gesto del lavatorio de los pies, un acto “enormemente simbólico que a los fieles les cuestiona”.
La noche invita al recogimiento, con las tradicionales visitas a los monumentos, que en Zaragoza crean una estampa única donde “se van entrecruzando las procesiones con el deambular de la gente por las distintas parroquias”.
Le sigue la sobriedad del Viernes Santo, con la adoración de la Cruz y una mirada puesta en Tierra Santa, una cuestión que, según el arzobispo, “en estos momentos no es una cuestión menor”. Todo culmina en la Vigilia del Sábado Santo y la explosión de júbilo del Domingo de Resurrección, con el emotivo Encuentro en la Plaza del Pilar. Para Escribano, todo este recorrido litúrgico y devocional “hace que la esencia se haga presente” y permite vivir el misterio cristiano con una intensidad especial.
La actualidad internacional también ha estado muy presente en la reflexión del arzobispo, que ha mostrado su profunda preocupación por los conflictos bélicos que sacuden el mundo. Ha calificado de “preocupante” y “significativo” lo ocurrido en Jerusalén, con la prohibición de una procesión del Domingo de Ramos que se celebraba desde hacía 900 años.
“En la guerra siempre se traspasan líneas rojas, porque al final es la muerte del inocente”, ha lamentado.
Monseñor Escribano también ha advertido sobre la dificultad de comprender la realidad en la era de la desinformación. “Si antiguamente ya se hacía propaganda cuando había conflictos, actualmente es tremendo”, ha señalado, explicando que a menudo llegan “relatos que son divergentes” de una misma imagen, lo que genera una incertidumbre que “encoge profundamente el corazón”. Ante este panorama, ha recordado una vieja certeza: “Una guerra, ya siempre lo han dicho nuestros mayores, se sabe cómo empieza, pero nunca cómo termina, y eso es un drama y es una incógnita”.
Por todo ello, ha realizado una de las invitaciones centrales de esta Semana Santa: “elevar nuestra plegaria por la paz”. Ha hecho un llamamiento a ser “constructores de la paz” y, sobre todo, a “pedir al Príncipe de la Paz que traiga la paz al mundo, a todo el mundo”.
Una petición que nace de la esperanza cristiana, recordando que las primeras palabras de Jesús resucitado fueron “la paz esté con vosotros”.
La vitalidad de la Semana Santa zaragozana se manifiesta de forma especial en sus cofradías y hermandades. El arzobispo ha destacado con alegría la “gran afluencia de nuevos cofrades, muchos de ellos jóvenes y niños”. Ver a los más pequeños en las procesiones, siendo “valientes” frente al cierzo, es una imagen “muy bonita” que habla de futuro y de una tradición que se transmite entre generaciones.
No obstante, ha reconocido que esta participación masiva supone también un “gran reto”: lograr que la devoción se convierta en una fe profunda que “transforme la vida del propio cofrade”. El mensaje es claro: “Llevas a Jesús, pues deja que Jesús te contagie a ti el primero”.
Se trata, en definitiva, de que la experiencia no sea solo un momento puntual, sino un verdadero encuentro personal que impulse a compartir esa fe con los demás.
Más allá de los grandes desfiles procesionales, Carlos Escribano ha compartido la existencia de “pequeños tesoros” y momentos de “una belleza singular” que no siempre capta el gran público. Ha relatado con emoción la llegada de la cofradía de la Humildad a la Seo en la noche del domingo o el instante en que, en la intimidad de la iglesia de San Cayetano, una cofrade del Prendimiento cantó una jota ante el Cristo. Son momentos de “una emoción y de una fe que son profundamente conmovedores”.
Estos instantes revelan, a su juicio, la inmensa “riqueza que tenemos en nuestras cofradías”. Para el arzobispo, tanto los actos multitudinarios como estos gestos íntimos tienen un mismo fin: que “el misterio traspase la epidermis y se cuele en el corazón y cuestione profundamente el sentir de las personas”.
Finalmente, ha animado a todos a vivir lo que resta de la Semana Santa con intensidad, participando en las celebraciones y saliendo a la calle, porque “realmente merece la pena” dejar que Dios “se haga el encontradizo”.













