Cincuenta años de Apple: de los productos que cambiaron el mundo a sus mayores fiascos

Cincuenta años de Apple: de los productos que cambiaron el mundo a sus mayores fiascos

En el medio siglo transcurrido desde que lanzó su primer ordenador personal, Apple ha creado algunos de los dispositivos digitales más icónicos, pero su sello no es siempre una garantía de éxito

Apple es la empresa del mundo que más beneficios esconde en guaridas fiscales como Islas Caimán o Emiratos

Este 1 de abril, Apple cumple 50 años. Medio siglo después de que Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne fundaran la empresa en el garaje de los padres de Jobs en Los Altos, California, Apple se ha convertido en un gigante y miles de millones de personas utilizamos sus productos cada día. Desde los primeros ordenadores domésticos con pantalla a color que tuvieron éxito, pasando por el iPod, hasta el teléfono que sentó las bases de la era móvil moderna, la compañía ha redefinido repetidamente las expectativas de los consumidores.

Como resultado, la firma ocupa una posición central en el mundo tecnológico, impulsando tendencias y popularizando productos.

Estos son cinco de sus productos más influyentes del último medio siglo, junto con algunos fracasos inusualmente sonados.

Los éxitos

Apple II (1977)


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Cincuenta años de Apple: de los productos que cambiaron el mundo a sus mayores fiascos

El Apple II situó a la pequeña y combativa startup en el mapa. Fue el primer ordenador personal de Apple destinado al mercado de masas, diseñado por Wozniak como una máquina completa y lista para usar, en lugar de una simple placa de circuito para aficionados, que era la norma en la informática doméstica hasta ese momento. El Apple II combinaba la electrónica, el teclado y la fuente de alimentación en una sola carcasa, y podía conectarse directamente a un monitor, haciendo que la informática pareciera mucho menos intimidante.

La filosofía detrás de esto era la simplicidad, afirma el analista de Apple Horace Dediu. “Cuando Steve Jobs analizó esto en los años 70, la pregunta era: ‘Bueno, ¿cómo llevamos la tecnología a las masas?’. La respuesta fue: ‘Haciéndola fácil de usar’”.


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Cincuenta años de Apple: de los productos que cambiaron el mundo a sus mayores fiascos

El Apple II ofrecía gráficos en color, lenguaje Basic (Beginner’s All-purpose Symbolic Instruction Code) en la memoria de solo lectura y ranuras de expansión, lo que fomentó un ecosistema floreciente de hardware y software de terceros, desde videojuegos hasta la hoja de cálculo VisiCalc, que lo convirtió en una herramienta de negocios.

Los agresivos descuentos para el sector educativo ayudaron a introducirlo en las aulas estadounidenses, convirtiéndose en el primer ordenador que utilizaron muchos estudiantes. Su éxito transformó a Apple de una pequeña startup en una de las empresas que definieron la primera revolución de los ordenadores personales.

Macintosh (1984)


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El siguiente gran cambio de paradigma en el que Apple estuvo involucrada fue el lanzamiento del ordenador personal Macintosh.

A diferencia de las aburridas máquinas de línea de comandos en blanco y negro a las que la mayoría estaba acostumbrada, el Mac —bautizado así por el empleado de Apple Jef Raskin en honor a su variedad de manzana favorita— popularizó la interfaz gráfica de usuario, con ventanas, iconos, menús y un ratón, trasladando ideas pioneras de todo el sector de la informática a un producto de consumo asequible e integrado.

El famoso anuncio de la Super Bowl “1984”, dirigido por Ridley Scott, lo posicionó como una alternativa moderna y rebelde frente al gris mundo de los ordenadores de IBM, y las accesibles vías de interacción en pantalla hicieron que los ordenadores dejaran de parecer herramientas para especialistas y se convirtieran en dispositivos que cualquiera podía aprender a usar.

“La clave de dónde Apple se estableció realmente, incluso desde el principio y todavía hoy, es que decidió conquistar, dominar y controlar la interfaz humano-computadora”, afirma Dediu.

iMac G3 (1998)


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Más de una década después del Macintosh, Apple volvió a dar un toque de atractivo a los ordenadores personales.

Abandonó las cajas de color beige en favor de máquinas “todo en uno” translúcidas, disponibles en una gama de colores brillantes, que se convirtieron al instante en iconos del diseño y protagonizaron una oleada de divertidos anuncios de televisión.

“Lo importante que hay que recordar sobre aquellos iMac era que internet era la gran novedad”, explica el analista de Apple Avi Greengart, que dirige Techsponential, una firma de análisis tecnológico. Aunque hoy recordemos los vibrantes colores de caramelo que captaban la atención hacia los dispositivos, las entrañas del hardware fueron igual de importantes para su éxito. “Los anuncios mostraban cuántos cables y conexiones hacían falta para conectarse a internet, y eran dos”, dice Greengart.

“La sencillez de ese diseño, donde todo estaba integrado, resultaba accesible y divertida; el diseño estaba a otro nivel”.


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Todo eso se combinó para que el iMac G3 fuera un éxito arrollador, según Greengart. “Si solo hubieran lanzado diseños increíblemente atractivos, no habría sido suficiente. Y lo sabemos porque hubo una empresa que hizo exactamente eso en aquella época.

Se llamaba Sony”. Los ordenadores Vaio de Sony eran considerados la vanguardia del diseño informático de los 90, pero la facilidad de uso adicional de Apple ayudó a que los eclipsara.

iPod (2001)


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Hoy en día, la potencia de nuestros smartphones hace que no necesitemos dispositivos independientes para escuchar música, pero al cambiar el milenio, en la era de los Walkman y los reproductores de CD, el iPod fue un producto revolucionario. El reproductor de música blanco de Apple, que cabía en cualquier sitio, ofrecía la cifra inaudita de “1.000 canciones en tu bolsillo” gracias a su diminuto disco duro, una estrecha integración con iTunes y una sencilla interfaz de rueda de desplazamiento que permitía navegar por grandes bibliotecas sin complicaciones.

No fue el primer reproductor de MP3, pero sí el primero en sentirse un producto para el gran público, combinando un hardware impecable, una sincronización de música sencilla y un marketing memorable construido en torno a una serie de anuncios icónicos con siluetas bailando y auriculares blancos. A lo largo de sucesivas generaciones, el dispositivo se hizo más pequeño, ganó capacidad de almacenamiento, incorporó pantallas a color y vídeo, y se convirtió en un fenómeno cultural que revitalizó el negocio de Apple en la década de los 2000. Pero, posiblemente igual de importante, acostumbró a millones de personas a comprar contenidos digitales a través del ecosistema de Apple, allanando el camino para el iPhone y la App Store que vendrían después.

iPhone (2007)

Apple no lanzó el primer smartphone (ese pie de página en la historia le corresponde al Simon Personal Communicator de IBM, un voluminoso dispositivo con pantalla táctil lanzado en 1994 que combinaba un teléfono móvil con funciones de asistente digital como correo electrónico, fax y calendario), pero sí popularizó el producto cuando presentó el iPhone en 2007.

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Cuando Jobs realizó la demostración en vivo de las capacidades del iPhone, algunos no creyeron que fuera real. “Fue una de esas cosas en las que no estabas seguro de que lo que mostraban en el escenario fuera de verdad hasta que lo tenías en tus manos y veías el efecto de rebote al desplazar la pantalla”, comenta Greengart. Aquello ayudó a instaurar las normas que hoy damos por sentadas al interactuar con los dispositivos, como desplazarse, deslizar, tocar y pellizcar la pantalla para hacer zoom con los dedos.

Junto a su intuitiva facilidad de uso, la razón por la que el iPhone tuvo tanto éxito fue porque estableció un principio que Apple ha mantenido como eje central de su trabajo y que le ayuda a diferenciarse de la competencia: un control casi absoluto sobre su ecosistema.

El iPhone dio origen a la App Store, que estandarizó las formas en que se podían controlar los servicios en el dispositivo, tanto en el funcionamiento de las aplicaciones como en su aspecto y manejo. “Sus mejores productos son los que controlan totalmente”, afirma Carolina Milanesi, fundadora y analista principal de The Heart of Tech, una firma de consultoría e investigación de mercado.

Greengart coincide: “Todo se basa en entrar en el ecosistema de Apple y descubrir su jardín; tanto si la altura de sus muros es de tu agrado como si no, es un lugar condenadamente agradable en el que pasar el tiempo”.

Los fracasos

Apple III (1980)


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Al igual que ocurre con las secuelas cinematográficas, la tercera versión del producto homónimo de Apple fue un tanto estrepitosa.

Por mucho que el Apple II supusiera un soplo de aire fresco para la compañía, el Apple III, lanzado apresuradamente al mercado tres años después, fue un error de dimensiones considerables.

Diseñado como una actualización orientada a los negocios con mejores gráficos, teclado integrado y más memoria, el equipo sufrió fallos de hardware catastróficos, incluyendo graves problemas de sobrecalentamiento debido a la insistencia de Jobs en un chasis sin ventiladores. Los chips se salían de sus zócalos debido a la expansión térmica y a un montaje defectuoso, lo que obligó a Apple a recomendar a los usuarios que levantaran la máquina unos centímetros y la dejaran caer para que volvieran a encajarse en su sitio: una solución humillante que dañó la reputación de la marca. Con un precio de 4.340 dólares, muy por encima del Apple II, también presentaba algunas decisiones de diseño impropias de Apple, como pantallas que solo mostraban mayúsculas, lo que frustró a los usuarios y provocó unas ventas ínfimas.

Apple dejó de fabricarlo apenas dos años después de su lanzamiento.

Macintosh Portable (1989)


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El primer Macintosh alimentado por batería fue el presagio de los portátiles que mucha gente utiliza hoy en día en lugar de los aparatosos ordenadores de sobremesa. Pero, aunque ahora codiciamos los MacBook de Apple, elegantes y fabricados con precisión, su primera incursión en este campo fue un fracaso estrepitoso. La compañía gastó un millón de dólares en un ostentoso lanzamiento en un anfiteatro de California, reuniendo a más de 5.000 probadores de productos para verlo, algo inusual para la época.

Apple aspiraba a vender 50.000 unidades del Mac Portable, que con todas sus prestaciones técnicas alcanzaba un precio de 8.000 dólares. Sin embargo, el público lo rechazó. “Es demasiado grande, demasiado pesado y demasiado caro”, fue el demoledor veredicto del Los Angeles Times. Para 1990, el precio se había desplomado hasta los 1.000 dólares.

Aun así, no se vendió; Apple dejó de fabricarlo en 1991.

Newton MessagePad (1993)


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Los expertos de Apple están divididos sobre el papel que el iPad ha desempeñado en la historia de la compañía; algunos sugieren que ha ocupado mayoritariamente una posición incómoda, al no ser tan bueno como un portátil ni tan útil como un smartphone. No obstante, Apple los vende a espuertas, con cientos de millones de unidades comercializadas desde su lanzamiento en 2010. Pero poca gente sabe que fue el segundo intento de Apple con un dispositivo tipo tableta.

El Newton MessagePad aspiraba a liderar el mundo de los asistentes digitales personales. Tenía pantalla táctil, reconocimiento de escritura con lápiz óptico, correo electrónico, fax y funciones de calendario, todo en un dispositivo de mano. Sin embargo, su sistema de reconocimiento de escritura, famoso por su falta de precisión —e inmortalizado en Los Simpson por deformar frases sencillas como “Beat up Martin” (traducido en España como “Morder a Martin”) y convertirlas en “Eat up Martha” (Cómete a Martha)—, lo transformó en el hazmerreír de la industria. Además, su elevado precio (700 dólares) y los problemas de duración de la batería hundieron las ventas.

Los modelos posteriores mejoraron, pero Jobs canceló la línea a su regreso a la empresa en 1997, aunque el concepto del Newton MessagePad ya presagiaba lo que estaba por venir.

Apple Pippin (1996)


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Es posible que no supieras que Apple lanzó una videoconsola allá por los años 90 (bautizada, al igual que el Macintosh, con el nombre de una variedad de manzana). En parte, esto se debió a la locura de la guerra de consolas de la época, en la que la PlayStation de Sony, la Nintendo 64 y la Sega Dreamcast competían por la cuota de mercado. Pero también se debió a que la Apple Pippin, codesarrollada con Bandai en Japón, simplemente no era muy buena.

Comercializada como “@world” en EEUU, esta consola de 599 dólares presumía de su versatilidad multimedia como máquina para jugar, reproductor de CD y dispositivo de internet mediante módem y un mando personalizado (su diseño en forma de bumerán estaba, como ocurría a menudo con Apple, adelantado a su tiempo). Sin embargo, un catálogo de lanzamiento lamentable de solo 18 títulos, muchos de ellos exclusivos para Japón, la dejó desértica frente a los éxitos de sus rivales, como Final Fantasy VII. Además, su rendimiento mediocre y su elevado coste la condenaron desde el primer día.

La Pippin fracasó estrepitosamente en EEUU con solo 12.000 unidades vendidas, y ni siquiera los precios de liquidación lograron reanimarla.

(No fue solo un problema estadounidense: apenas vendió 30.000 unidades en un Japón loco por los videojuegos). Jobs la fulminó a su regreso en 1997 para volver a centrarse en los puntos fuertes de la empresa; las críticas la destrozaron calificándola de “demasiado lenta, demasiado cara y falta de juegos”, consolidando su lugar como el callejón sin salida más vergonzoso del hardware de Apple. ¿La lección para Apple? “Cuando tratan con algo sobre lo que no tienen el control total, les resulta más difícil”, afirma Milanesi.

Apple Vision Pro (2024)


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El tropezón más reciente y sonado de Apple es el Vision Pro, su visor de “computación espacial” de 3.499 dólares, lanzado a bombo y platillo acompañado de afirmaciones del director ejecutivo Tim Cook de que redefiniría nuestra forma de trabajar e interactuar con la tecnología. Sin embargo, dos años después, se ha convertido en la moraleja de un producto que se adelantó demasiado al apetito del consumidor: su socio Luxshare detuvo la producción a principios de 2025 tras unas ventas desastrosas. Los analistas estiman que se enviaron 390.000 unidades en 2024, seguidas de 45.000 en el cuarto trimestre de 2025; calderilla comparado con el número de iPhones vendidos, que rozó los 250 millones en 2025.

Parte de la razón es que el Vision Pro no es un dispositivo cómodo de llevar. Es pesado, tiene una autonomía de batería escasa y puede producir “síntomas de malestar visual” tras un uso prolongado. Los críticos señalaron que, aunque las demostraciones de sus capacidades eran impresionantes, resultaba poco práctico para la vida real, un problema similar al que enfrentó el Newton al adelantarse a su tiempo. Por ese motivo, Dediu cree que no deberíamos descartar el Vision Pro todavía.

“Sé que todavía parece un callejón sin salida. Lo fue para Meta. Lo fue para muchas empresas, pero quizá aún sea demasiado pronto”, afirma. ¿Le damos otro medio siglo, tal vez?