
Reflexión sobre la Misión de Jesús y la Renovación de las Promesas Sacerdotales en la Misa Crismal
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En vísperas del Triduo Pascual, la Iglesia ha centrado su reflexión en el inicio de la misión de Jesús, como base para el testimonio de la redención. Durante la Misa Crismal, se enfatizó la conexión entre la unción y la misión, recordando que todos los bautizados son investidos como sacerdotes, profetas y reyes. La celebración también tuvo presentes a los sacerdotes enfermos o que enfrentan dificultades.
La Triple Mirada de Jesús en la Cruz
La homilía propuso una meditación de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español, sobre la “triple mirada de Jesús en la cruz”.
La primera mirada es la del hijo hacia el padre, que persiste incluso en medio del sufrimiento. Se resaltó que sin esta mirada puesta en el amor del Padre, no se puede cumplir la misión recibida en la Iglesia.
La segunda mirada es la de Jesús hacia sí mismo, con su cuerpo “desgarrado por amor a nosotros”.
Esta perspectiva invita a abrazar el cansancio y la debilidad como frutos del servicio. Se explicó que las caídas y los sufrimientos no son obstáculos para la misión, sino que el Señor desea contar con lo humilde y sencillo.
Se destacó la bendición de llegar al final del día con el cansancio que testimonia que el Señor cuenta con la debilidad de cada uno. Se proclamó que es una gracia sentirse más pequeño al comprobar la magnitud del amor infinito del Señor.
Finalmente, San Juan de Ávila invita a contemplar la mirada de Jesús hacia los demás, una mirada que siempre “derrocha misericordia”. Esta mirada, que nunca da a nadie por perdido, es un llamado a llevar la comprensión, el cariño y la ternura de Cristo al mundo.
Se recordó que el sacerdote debe estar siempre con su pueblo, acompañando a los rezagados, señalando el camino y permaneciendo siempre en medio de ellos.
Renovación de las Promesas Sacerdotales
Con este contexto, se invitó a los sacerdotes a renovar sus promesas sacerdotales con la misma mirada de Cristo. La exhortación final fue a decir sí al Señor con confianza ilimitada, ya que Él se entrega sin reservas, poniendo a la Virgen María como modelo de una mirada pura que permite ver la bondad en cada persona.













