El inquilino nunca pierde el miedo a que lo echen: Llucia Ramis y la precariedad de la vivienda

El inquilino nunca pierde el miedo a que lo echen: Llucia Ramis y la precariedad de la vivienda
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El inquilino nunca pierde el miedo a que lo echen: Llucia Ramis y la precariedad de la vivienda

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La escritora Llucia Ramis (Palma, 1977) explora la precariedad de la vivienda en su nuevo ensayo, ‘Un metro cuadrado’, ganador del Premio de No Ficción Libros del Asteroide. A través de la revisión de los más de diez pisos que han sido su hogar, Ramis constata cómo la inestabilidad residencial moldea el carácter y los paisajes urbanos.

Una vida marcada por el alquiler

Ramis, quien en 2001 era una joven periodista en Barcelona, recuerda la visita a un piso de alquiler como una experiencia “terrorífica”. Su vida, afirma, ha estado marcada por los pisos, casi siempre de alquiler, que ha habitado.

En su libro, Ramis se remonta tres décadas atrás para analizar cómo la precariedad como inquilina ha afectado a varias generaciones en ciudades como Barcelona. La resistencia a los precios desorbitados, la gentrificación, el turismo y la especulación inmobiliaria han moldeado la identidad de los vecinos tanto en la capital catalana como en Mallorca.

“Tu casa es donde tienes tu vida”, asegura Ramis. La relación con ese espacio cotidiano genera recuerdos, y para ella, personas, espacios y trabajos son los pilares de la vida. Haber vivido en muchos lugares diferentes le ha proporcionado una gran cantidad de memorias.

¿Dejamos huella en nuestros hogares?

Ramis se pregunta si los lugares recuerdan a quienes los habitaron. “¿Queda algo de mí allí o no queda absolutamente nada?”, se plantea. Tras visitar una decena de sus antiguos pisos, concluye que sí transformamos las casas por las que pasamos: “Al final, las ciudades se hacen por la gente que pasa por ellas. Las personas dejan rastro”.

En sus viejos hogares, Ramis se ha encontrado con sorpresas, como personas conocidas ocupando esos espacios. Reflexiona sobre cómo ciertos tipos de pisos, antes asequibles y descuidados, ahora se encuentran en zonas de moda, perdiendo su uso como vivienda y encareciéndose.

El miedo constante del inquilino

Ramis describe la sensación de pérdida al tener que abandonar un piso ideal y el miedo constante del inquilino a ser desalojado: “Aunque te lleves muy bien con el propietario, aunque todo vaya bien, nunca pierdes el miedo a que venga un fondo de inversión y compre todo el bloque, o a que venga la hija del casero y lo recupere para ella”.

Esta inestabilidad condiciona los proyectos de vida, acelerando relaciones y obligando a convivir con personas con las que no se habría compartido hogar en otras circunstancias. “Esa sensación de angustia, en mi caso, me ha hecho vivir con personas con las que no habría convivido nunca”, confiesa.

La desigualdad en el acceso a la vivienda

La escritora señala la desigualdad generacional y la que existe entre quienes heredan y quienes no. “Dos personas con el mismo salario pueden tener vidas completamente distintas dependiendo de si han tenido acceso a la vivienda o no”, afirma. Estos mundos, radicalmente diferentes, están condenados a no entenderse.

Ramis relata experiencias ridículas como arrendataria, como sentir celos de una invitada que elogiaba su antiguo piso después de haberlo dejado a su exnovio. También destaca cómo todo casero, pequeño o grande, puede esconder un especulador.

El derecho a la ciudad

La autora defiende el derecho a la ciudad, a poder vivir donde uno se ha criado. En lugares como Mallorca, donde nació, la falta de acceso a la vivienda plantea interrogantes sobre el futuro de sus habitantes: “¿Si no puedes vivir allí, ¿adónde vas? Si has nacido, crecido y trabajas en la isla, ¿qué haces?”.

Ramis critica la falta de voluntad política real para solucionar la crisis de la vivienda y la persistencia de la idea de que “cuanto más turismo, mejor”. Considera que es necesario cambiar la mentalidad de una sociedad que ha sido educada para creer que la felicidad reside en la propiedad, y poner la vivienda en el centro de las políticas públicas.

Como escritora, Ramis cree que falta literatura que narre el conflicto de la vivienda. Muchos inquilinos no sienten que la casa que habitan sea realmente suya, lo que plantea la pregunta: “¿Qué es nuestra casa? ¿La que decidimos nosotros que es nuestra casa o la que nos dejan que lo sea?”.

Al final de ‘Un metro cuadrado’, Ramis explica que su periplo como inquilina termina cuando se compra un piso, harta de la angustia constante. A punto de cumplir 40 años y con el temor de no obtener una hipoteca, encontró por casualidad una vivienda que le gustó y puso fin a su etapa como inquilina.