
Reflexiones del Obispo de Albacete sobre el Viernes y Sábado Santo
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El obispo de Albacete, Ángel Román, ha profundizado en el significado del Viernes y Sábado Santo, describiéndolos como días marcados por la oscuridad y la aparente falta de sentido, donde la muerte y el mal desafían la fe. Sin embargo, también los considera un tiempo para conectar íntimamente con Jesús, ofreciéndole las propias limitaciones y sufrimientos.
Viernes Santo: Traición, Huida y Reflexión
El Viernes Santo amanece con la sombra de la traición y la soledad de Jesús encarcelado. Monseñor Román subraya la importancia de celebrar el Viacrucis para comprender la Pasión y agradecer el amor divino. Este día invita a rechazar la violencia y a reflexionar sobre la propia actitud ante la injusticia, evitando juicios, condenas e indiferencia.
La liturgia de los oficios, que se celebra alrededor de las tres de la tarde, conmemora la muerte de Jesús con solemnidad y austeridad.
La sobriedad del templo refleja el estado del alma en este día, recordando la soledad que a menudo acompaña al sufrimiento. Mientras Jesús cargaba la cruz, la vida cotidiana en Jerusalén continuaba, ajena al drama. El obispo insta a crear un ambiente interior y a vivir con intensidad el Viernes Santo, cuidando los signos externos y observando el luto con ayuno y abstinencia.
Sábado Santo: Entre el Dolor y la Esperanza
El Sábado Santo, complementario al Viernes Santo, invita a mirar hacia la Vigilia Pascual. La esperanza en la resurrección transforma la vivencia del dolor, aunque sin negar la crudeza de la ausencia que deja la muerte.
Este día de parálisis y vacío, de silencio en el alma, es un momento para reflexionar sobre las injusticias del mundo a la luz de la oscuridad y la sinrazón.
El obispo recurre al profeta Isaías para describir a Cristo como “despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores”. El silencio de Dios en este día puede desconcertar, pero no es indiferencia, sino “fraternidad solidaria”. Jesús experimenta el mismo sufrimiento que aquellos por los que da la vida.
María: Faro de Esperanza en la Oscuridad
El Sábado Santo también es un día para “mirar a María y esperar con ella la resurrección”. Ella vive el silencio de Dios mientras contempla a su hijo muerto, con el alma traspasada por el dolor, pero su presencia es un faro de esperanza. “El dolor y la muerte nos atraviesan, pero no son capaces de endurecer nuestro corazón ni de desesperar nuestra alma”, afirma el obispo.
Finalmente, Román Idígoras recuerda que el silencio de Jesús “se rompe en un grito que recoge los gritos de toda la humanidad” y en un abandono final en manos del Padre. A pesar de la aparente derrota, la certeza del creyente es que “la muerte no tiene la última palabra”.
Concluye con la invitación de Jesús: “Que no tiemble vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí”.













