El fervor y la fuerza de las cargadoras del Cristo de la Buena Muerte en Moya

El fervor y la fuerza de las cargadoras del Cristo de la Buena Muerte en Moya
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El fervor y la fuerza de las cargadoras del Cristo de la Buena Muerte en Moya

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La Semana Santa en Gran Canaria se vive con intensidad, y una de sus expresiones más singulares es la de las cargadoras del Cristo de la Buena Muerte en Moya. Pili, con 18 años de experiencia portando el trono, compartió su vivencia en el programa Herrera en COPE Gran Canaria, destacando el compromiso inquebrantable de este colectivo de mujeres que combinan fe, devoción y una fuerza admirable.

Un reto nacido de la devoción femenina

Todo comenzó cuando las mujeres que adornaban las imágenes se preguntaron por qué no podían cargar al Cristo, al igual que los hombres lo hacían con la Virgen de los Dolores. De esa inquietud surgió la promesa de preparar los palos del trono. En la primera procesión, 24 mujeres hicieron historia en Moya.

Un esfuerzo físico considerable

El trono del Cristo pesa alrededor de 850 kilos.

Este año, el grupo se ha reducido a 20 cargadoras debido a lesiones, una reciente maternidad y otros problemas de salud. Para aliviar la carga, han decidido prescindir de dos faroles, reduciendo el peso en unos 50 kilos.

Un recorrido de resistencia

La procesión dura entre dos horas y media y tres horas, partiendo de la iglesia y recorriendo las principales calles de Moya. Las condiciones meteorológicas, como el calor o la calima, obligan a realizar más paradas para hidratarse, especialmente para las mujeres que van debajo del trono.

Pili asegura que la compenetración entre ellas es tal, que el espacio reducido no es el mayor problema. A veces, la mayor dificultad es oír la voz del capataz debido a la música de la banda.

Las capataces, que caminan por fuera, son quienes guían sus pasos.

Fe, ganas y devoción: la fuente de su fuerza

Pili lo tiene claro: la fuerza proviene de una mezcla de fe, ganas y devoción. Cuando el cuerpo flaquea, la fe toma el relevo, impulsándolas a continuar. Para ella, el Cristo le da vida.

Emoción y recuerdos en cada paso

Lo más bonito, asegura Pili, es ver la emoción en los rostros de sus compañeras y de la gente que presencia la procesión. Durante el recorrido, hay momentos especiales al pasar por lugares donde vivían antiguas compañeras o familiares, o al detenerse en los balcones donde se cantan saetas.

Cada una tiene su rincón especial, viviendo una experiencia colectiva y personal a la vez.

Relevo generacional y un llamado a la participación

Al terminar la procesión, el cansancio es extremo, pero se recuperan con un caldo y un bocadillo. La tradición tiene futuro, con un relevo generacional que pasa de madres a hijas. Sin embargo, asegurar la continuidad es una lucha constante. Pili invita a quienes sientan curiosidad a acercarse y vivir la experiencia, asegurando que el ambiente es suficiente para enganchar a cualquiera.

Pili está convencida de que estar debajo del paso es algo difícil de describir, pero que implica mucha fe y creencia en que están vivas y pueden dar más vida.

Su mensaje final es una invitación a vivir la experiencia del Jueves Santo, cuando el Cristo de la Buena Muerte vuelva a procesionar por Moya sobre los hombros de estas mujeres.