
Alfredo Relaño y los cánticos racistas en Cornellá: "Estoy avergonzado; esto tiene una dimensión internacional tremenda y Louzán se ha quedado muy corto"
Los lamentables incidentes ocurridos en el partido amistoso entre España y Egipto, donde se escucharon pitos al himno egipcio y cánticos de “musulmán el que no bote”, han provocado una rotunda reacción del periodista Alfredo Relaño. Durante un análisis de los hechos, ha calificado la situación de “horroroso” y “verdaderamente espantoso”, aprovechando para profundizar en un problema que, considera, está arraigado en la sociedad española y encuentra en el fútbol su peor altavoz.
El periodista criticó la reacción de Louzán, presidente de la RFEF: “Estoy avergonzado, como estamos todos. Se me ha quedado muy corto Louzán, que no parecía tener idea de la dimensión que esto tiene. Yo creo que tiene una dimensión internacional tremenda.
Es una ofensa absolutamente gratuita. Es una cosa que ha salido de la nada, de repente pitar el himno con rabia y luego y luego eso que es horroroso y con Lamine ahí dentro”.
Relaño ha recordado una percepción histórica que ha resultado ser un espejismo. “Yo me acuerdo que cuando éramos chaval, lo que se predicaba es que en España no éramos racistas”, rememora. El periodista sostiene que esa idea se fundamentaba en la falta de una inmigración significativa.
Con la llegada de personas de otras razas y religiones, la realidad ha cambiado y, según él, el racismo latente ha aflorado.
El fenómeno “ha chirriado” al contacto con la nueva realidad demográfica, de forma similar a lo que ocurrió en el fútbol inglés en el pasado. Relaño lo afirma sin rodeos: “Hay muchos racistas en España, eso lo sabemos, lo hemos tratado de disimular mucho tiempo”. Esta situación, advierte, supone un “desdoro tremendo para el fútbol español” y pone en jaque la imagen del país.
El análisis de Relaño apunta también a la pasividad del resto de aficionados en los estadios. Critica duramente que, cuando un individuo profiere un insulto racista, la gente de alrededor no reaccione.
“Cuando un tío dice mono a un jugador negro, pues rara vez sale el de al lado que le diga que se calle”, lamenta. Esta tolerancia silenciosa es, para él, un pilar del problema.
El periodista considera que en los eventos deportivos “se dan las condiciones para que se muestren más” este tipo de comportamientos. La mezcla de perfiles en un estadio es explosiva, ya que “va al fútbol gente de perfecta cultura, educación y refinamiento” junto a otros individuos. “En este país, como en muchos, hay un montón de animales”, sentencia.
Para Relaño, el fútbol ha incurrido en un grave error de base durante años al agrupar a los aficionados más conflictivos en los fondos de los estadios.
Lo califica como un “experimento antropológico aberrante” que ha contribuido a normalizar y potenciar la brutalidad en el deporte.
El problema, según su visión, es que se crea un ecosistema donde los violentos se retroalimentan. “Es como juntar a los más bárbaros de la ciudad en una misma plaza cada 15 días para que intercambien su brutalidad entre ellos y se animen unos con otros”. Esta dinámica ha evolucionado hacia las actuales “gradas de animación”, que, en su opinión, no están suficientemente controladas.
Finalmente, Alfredo Relaño señala una posible solución para atajar el problema de raíz. Apuesta por un control mucho más estricto y minucioso en las gradas.
“Si se grabara de verdad y se viera a los que insultan […] y se fuera sacando con de una manera minuciosa todos los que hacen algo rico, pues a lo mejor se iba mejorando esto”, concluye, insistiendo en la necesidad de identificar y sancionar a los culpables para limpiar la imagen del fútbol.













