Cánticos racistas en el fútbol: Un reflejo de la xenofobia latente en la sociedad

Cánticos racistas en el fútbol: Un reflejo de la xenofobia latente en la sociedad
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Cánticos racistas en el fútbol: Un reflejo de la xenofobia latente en la sociedad

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Los vergonzosos cánticos racistas escuchados durante el partido entre España y Egipto en Cornellà –”musulmán el que no bote”– son una manifestación de desprecio y despersonalización, evidenciando que el fútbol aún no ha logrado erradicar la xenofobia.

Si bien España no es intrínsecamente un país racista, los extranjeros, especialmente aquellos sin recursos ni poder, enfrentan mayores dificultades al buscar vivienda. Aquellos con rasgos raciales evidentes son objeto de mayor control policial y se les cuestiona constantemente sobre su origen, incluso cuando su respuesta es “de Carabanchel”.

El racismo no es innato ni genético. Los pensamientos y comportamientos racistas pueden surgir por miedo, rabia, desconocimiento, prejuicios o la heurística de la representatividad, donde la sobreexposición a mensajes negativos lleva a generalizaciones injustas.

El concepto “musulmán” y la instrumentalización política

El concepto de “musulmán”, al igual que los de “negro”, “subsahariano” o “marroquí”, está siendo distorsionado por las redes sociales y ciertos partidos políticos que promueven valores antidemocráticos. Vox y el PP compiten por vincular delitos y problemas con los migrantes árabes y africanos, creando una imagen negativa similar a la que se tenía de los españoles en el extranjero en el pasado.

Tras el partido, el entrenador de España y el presidente de la Federación condenaron los hechos, lo cual se agradece. Sin embargo, la industria del fútbol ha tardado en abordar la violencia en el deporte, un vehículo de formación tan poderoso como la televisión. Durante años, machismo, racismo, insultos y neonazismo han proliferado sin que los clubes e instituciones tomaran medidas, escudándose en la falsa neutralidad política.

El racismo latente en la sociedad española

Un estudio reciente del CIS reveló que muchos españoles se reconocen como “un poco racistas” y admiten tener inconvenientes en alquilar su vivienda a extranjeros. Además, el 70% de los encuestados no tiene amigos de otro origen étnico, lo que refleja la falta de integración y el crecimiento de prejuicios hacia “los otros”.

Resulta preocupante que esta actitud violenta contra “el de fuera” se alimente de las redes sociales y encuentre eco en partidos como Vox, que blanquean discursos retrógrados con el apoyo del PP. Un ejemplo es su reciente votación conjunta en la Comunitat Valenciana para alejar los centros de menores de los núcleos urbanos, argumentando “problemas de convivencia y seguridad”.

El odio en las redes sociales y la necesidad de actuar

Las cacerías racistas se organizan en plataformas como Telegram, Facebook o X. El Observatorio del Gobierno Oberaxe monitorea las redes sociales e intenta que sus responsables controlen el discurso de odio. En los últimos 30 días, han detectado 25.000 mensajes de odio y han logrado eliminar solo el 30%.

La magnitud del odio es tal que los propios trabajadores del Observatorio han sufrido campañas violentas por hacer su trabajo. La mayoría de los encuestados por el CIS (35,4%) ha visto “a menudo” en estas plataformas contenido ofensivo o violento contra migrantes, y el 30,7% lo ha visto “en alguna ocasión”.

La banalización del racismo y el fracaso social

Lo que se repite se normaliza. Lo que se decía en voz baja ahora se escucha sin vergüenza. Los cánticos en el partido de la Selección son el reflejo del fracaso de una sociedad que no ha sabido contraponer la realidad compleja y diversa de la migración a una visión simplista, temerosa y odiadora. Es fundamental no ceder el altavoz ni la representatividad a aquellos que promueven estos discursos, pues no son la mayoría.