EL VERDADERO MENÚ DE LA ÚLTIMA CENA: UN ANÁLISIS HISTÓRICO

EL VERDADERO MENÚ DE LA ÚLTIMA CENA: UN ANÁLISIS HISTÓRICO
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EL VERDADERO MENÚ DE LA ÚLTIMA CENA: UN ANÁLISIS HISTÓRICO

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Un nuevo análisis histórico, basado en investigaciones teológicas y contextuales, desafía la tradicional imagen de la Última Cena, tanto en su fecha como en los alimentos que se consumieron.

¿Cordero en la Última Cena? Un Mito Desmentido

Contrario a la creencia popular, la Última Cena no incluyó cordero. Según el análisis, la cena tuvo lugar dos días antes de la Pascua judía. Esto imposibilitaba la presencia de cordero, ya que los sacrificios en el Templo para la festividad aún no se habían realizado.

Esta ausencia es crucial, ya que el sacrificio del cordero pascual se convierte en un símbolo del sacrificio de Jesús.

La cena, hasta la instauración de la Eucaristía, sigue siendo una celebración judía.

Un Menú Basado en la Estacionalidad y el Contexto

El menú reconstruido se basa en la disponibilidad de alimentos de la época, la geografía y el contexto religioso. La cena comenzaba con hierbas amargas sumergidas en agua salada, recordando la amargura de la esclavitud. Luego, se servían sardinas del Mar de Galilea acompañadas de una salsa agridulce con aceite, miel, vinagre, vino, nueces y dátiles.

El pan ácimo, sin fermentar, era un elemento fundamental, recordando la premura de la huida de Egipto. El vino, posiblemente de una variedad primitiva de Syrah, no solo era una bebida, sino también una fuente segura de hidratación en un contexto donde el agua podía estar contaminada.

Para finalizar, se consumía haroset, una compota de higos, manzanas secas, orejones y nueces, que se comía con las manos, formando pequeñas albóndigas.

La Presencia Femenina y la Forma de Comer

Contrario a la iconografía tradicional, la cena contó con la presencia de mujeres, quienes se encargaron de la preparación de los alimentos.

Entre ellas, se encontraban María (la madre de Jesús), María Magdalena y otras mujeres.

Los comensales no se sentaban en sillas, sino que se reclinaban sobre el lado izquierdo en una mesa en forma de U, al estilo romano. La comida se tomaba con la mano derecha, utilizando alimentos como el haroset para formar pequeñas porciones.

Un Mensaje Rompedor de Inclusión

Este análisis destaca el mensaje de Jesús frente a las estrictas normas judías. Jesús instaba a sus discípulos a comer de lo que se les ofreciera, enfatizando que lo importante no es lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón.