
Desesperación entre los ganaderos asturianos tras un año sin protección efectiva contra el lobo
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Un año después de que el lobo ibérico fuera excluido del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE), los ganaderos de Asturias se encuentran en una situación de “absoluta desesperación”. La parálisis administrativa, derivada de una sentencia del Tribunal Supremo que obliga a modificar el Plan de Gestión del Principado, ha dejado a estos profesionales sin herramientas efectivas para proteger su ganado.
Un año de incertidumbre y pérdidas
Ángel Fernández, ganadero de la sierra del Cuera, es un ejemplo de la difícil situación que atraviesan muchos. Ha llegado a dormir durante meses en una tienda de campaña a más de 1.000 metros de altitud para defender a sus animales de los ataques del lobo. La reciente sentencia del Tribunal Supremo solo autoriza la caza del lobo “cuando constituya la única solución para evitar daños al ganado”, lo que obliga al Gobierno regional a elaborar un nuevo decreto.
Para los ganaderos, estas medidas llegan tarde y resultan insuficientes.
Fernández lamenta que la retirada de cinco ejemplares en su zona “no se nota en absoluto” y critica la lentitud en la puesta en marcha de un nuevo plan de gestión. “La temporada este año se vuelve a ver caótica”, advierte.
El impacto económico de los ataques
Los ataques del lobo no solo representan una amenaza constante para el ganado, sino también un grave perjuicio económico. Ángel Fernández ha perdido recientemente varias ovejas, que se suman a una larga lista de bajas. Además, denuncia la dificultad para cobrar las compensaciones del Principado, argumentando que la falta de “pruebas suficientes o evidentes” es el principal obstáculo, ya que los buitres suelen devorar los restos antes de que puedan ser examinados.
A las pérdidas directas se suman los daños indirectos, como los abortos y malos partos causados por el estrés de los animales, que no se contabilizan.
“En cabritos he perdido esta temporada entre 4.000 o 5.000 euros”, explica Fernández, quien añade con resignación: “Habrá gente que lo cobrará al mes, que le parecerá una minucia, pero yo es lo que gano al año”. Esta situación está llevando a muchos ganaderos a abandonar la actividad.
Sentimiento de abandono
Los ganaderos se sienten desatendidos por una administración que, según denuncian, no conoce la realidad del terreno. “Ellos se basan en datos de expertos, pero no escuchan ni quieren saber la realidad”, critica Fernández, quien considera que “aquí si sigo viendo lobos, el ovino y caprino desaparece”.
La frustración de Ángel le llevó a solicitar un permiso para una carabina, no para cazar, sino para defenderse durante los ataques y para que la administración tuviera constancia del riesgo que asume. “Nunca jamás me contestaron”, revela.













