
Siguiendo las Huellas de Místicos: Un Viaje por la España Interior
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Dejamos atrás la rutina para seguir el rastro de dos figuras místicas fallecidas hace más de cuatro siglos. Sin expectativas concretas, nos encontramos con una mezcla de elementos inesperados: bares que evocan ayuntamientos, iglesias que, aunque cerradas, transmiten una sensación de apertura, paisajes extensos que sugieren el infinito y tradiciones arraigadas que persisten gracias a la memoria de un anciano que, poco antes de morir, recitó un romance de Lope de Vega.
Ávila: Entre Santa Teresa y San Juan de la Cruz
Nuestro punto de partida fue Ávila, una ciudad marcada por la figura de Santa Teresa y un clima frío. En el Convento de la Encarnación se conserva el tronco que utilizaba como almohada, un símbolo de la austeridad y severidad que caracterizó la reforma teresiana. Una guía voluntaria nos relató cómo, al regresar como madre priora, Santa Teresa enfrentó la resistencia de las monjas, quienes buscaban mantener sus privilegios.
Finalmente, llegaron a un acuerdo que les permitió seguir viviendo allí con comodidades.
Se dice que en el pasado, los nobles acudían a este convento en busca de esposas, ya que todas las monjas eran solteras. El convento también alberga reliquias de San Juan de la Cruz, como una muela, un dibujo de Cristo crucificado que inspiró a Dalí y su confesionario. La ciudad rinde homenaje a San Juan con versos grabados en paredes y una escultura que representa la esencia de su poesía.
En la ciudad, una rotonda dedicada a la cremallera nos hizo reflexionar sobre la posibilidad de homenajear otros inventos nacionales, como la fregona.
Gotarrendura: Tras los Pasos de Santa Teresa
Nuestro primer destino fue Gotarrendura, el pueblo natal de Santa Teresa. Aunque no existe un documento que lo confirme, sí se sabe que allí nacieron sus hermanos y falleció su madre.
En el camino, los milanos nos acompañaron hasta Cardeñosa, donde encontramos un bar, una ermita en ruinas y la iglesia de la Santa Cruz. Aunque la iglesia estaba cerrada, un hombre que barría la entrada nos permitió ingresar y encendió las luces. El templo, de estilo mudéjar, albergaba un altar barroco y un órgano inoperativo. Un hombre, miembro de la Cofradía del Santo Sepulcro, expresó su deseo de arreglar el órgano si ganara la lotería.
La esposa del hombre nos contó que durante la procesión del Viernes Santo se canta un romance de Lope de Vega.
Esta tradición centenaria está en peligro de extinción debido a la falta de personas que sepan entonar el romance. Afortunadamente, existe una grabación de un anciano que grabó su versión poco antes de morir. Escuchar esa grabación nos hizo reflexionar sobre la belleza de los últimos guardianes del pasado.
Mientras nos despedíamos, nos invitaron a unirnos a la cofradía del Santo Sepulcro, una oferta tentadora que rechazamos para continuar nuestro camino.
La Moraña: Un Paisaje de Paciencia y Reflexión
La Moraña, una comarca llana, nos expuso al viento constante y a la inmensidad del paisaje. Caminar por allí se convirtió en un ejercicio de paciencia y introspección.
Los caminos estaban desiertos, un reflejo de esta parte de España donde el patrimonio envejece en silencio y la proporción de niños por maestro es alta.
En Peñalba de Ávila, un pastor jubilado cuidaba de sus ovejas, mostrando la resignación ante un paisaje que ha moldeado sus esperanzas. Al llegar a Gotarrendura, José, un hombre que cree en el trueque, nos recibió. Él es el maestro de ceremonias del pueblo y tiene su sede en el bar El Cielito, regentado por una pareja venezolana que buscaba tranquilidad tras vivir en Madrid.
La vida en Gotarrendura gira en torno a la plaza, donde se encuentran el ayuntamiento, el bar, el museo y la imagen de Santa Teresa. Concesa, una mujer de 89 años, nos mostró el museo, lleno de objetos antiguos y palabras olvidadas que nos transportaron al siglo XX.
Aprendimos sobre la vida rural, donde el campo y el frío marcaban el ritmo, y cada placer requería un gran esfuerzo.
Más tarde, José nos presentó a Émilien, un cocinero francés del Palace de Viena que estaba realizando el mismo camino en dirección contraria. Nos contó que buscaba un sentido a su vida y que sentía que debía hacer este camino. Su historia personal quedaba entre Santa Teresa y él.
Fontiveros: El Legado de San Juan de la Cruz
Al día siguiente, en Fontiveros, el lugar de nacimiento de San Juan de la Cruz, descubrimos que se cumplían trescientos años de su canonización. Antes de salir de Gotarrendura, José nos despidió con un consejo: “Deja al maestro obrar, aunque sea un animal”.
El Domingo de Ramos, un viento fuerte soplaba en La Moraña.
En el bar de Papatrigo, conocimos a Alejandro, un filósofo y biólogo de 91 años que dedicó su vida a cuidar avutardas. Estas casualidades solo suceden al caminar, ya que los caminos son siempre diferentes.
En Collado de Contreras, César, el alcalde, nos recibió con entusiasmo y nos mostró la iglesia del pueblo, con muros de estilo árabe y un retablo barroco. La iglesia también albergaba dos tallas románicas y dos baptisterios. El alcalde nos contó la historia del pueblo con cariño y orgullo.
Finalmente, llegamos a Fontiveros, el pueblo de San Juan de la Cruz.
Allí, una abubilla nos dio la bienvenida. El pueblo está repleto de letreros que dicen: “Villa de la poesía”. En la iglesia de San Cipriano se encuentra la tumba del padre y del hermano de San Juan, así como el baptisterio donde fue bautizado. Un hombre nos acompañó hasta el lugar donde estaba la casa natal de San Juan, que hoy es una iglesia donde se conserva una reliquia del poeta: una falange del dedo con el que escribía.













