Trump se enfrenta al problema del iPhone de 2.200 euros en su conflicto con Irán

Trump se enfrenta al problema del iPhone de 2.200 euros en su conflicto con Irán
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Trump se enfrenta al problema del iPhone de 2.200 euros en su conflicto con Irán

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Hace un año, Donald Trump impuso aranceles a 180 países, generando un shock en el comercio global y poniendo en riesgo el modelo de negocio de muchas multinacionales estadounidenses. Un ejemplo claro fue Apple y el iPhone de 2.200 euros, un producto que ejemplifica la globalización.

El iPhone depende de una compleja cadena de suministro con proveedores especializados de África, Sudamérica, Taiwán, Corea del Sur y Japón. Los aranceles amenazaban con disparar su precio un 43%, hasta los 2.500 dólares.

Aunque Trump luego anuló muchos de estos aranceles y Apple asumió el mayor coste de producción, el republicano se encuentra ahora en una situación similar con su conflicto en Irán. Las bombas de alta tecnología que necesita para doblegar a Irán sin desplegar tropas dependen del mismo ecosistema de colaboración internacional que el iPhone.

La dependencia del armamento moderno

El armamento moderno es tan complejo como los dispositivos de Apple y depende de la colaboración internacional. Los componentes avanzados que Trump grava con aranceles son los mismos que necesita para sus bombardeos. La guerra está poniendo a prueba la resistencia industrial y las cadenas de suministro globales, según la American Enterprise Institute (AEI).

Un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO) alertó que el 88% de los chips adquiridos por el ejército entre 2020 y 2024 se fabricaron fuera de Estados Unidos, principalmente en China, Taiwán y Corea del Sur. El Pentágono reconoció que carecía de visibilidad sobre sus proveedores en los niveles más bajos de la cadena de suministro. Un ejemplo fue el F-35, donde se descubrió que algunos imanes procedían de China, generando una dependencia crítica.

El coste de los interceptores

Cuanto más compleja es el arma, más dependiente es del comercio global. Esto afecta tanto al ataque como a la defensa. Los misiles interceptores como el SM-3, utilizados para derribar misiles balísticos iraníes, pueden costar entre 10 y 28 millones de dólares por unidad. Los Patriot, desplegados por España en Turquía, cuestan entre 4 y 5 millones de dólares por disparo.

Además de misiles balísticos, se utilizan para neutralizar drones kamikaze como los Shahed iraníes, que cuestan entre 20.000 y 50.000 dólares por unidad. A menudo se disparan múltiples interceptores para interceptar una sola amenaza, lo que eleva el coste de la defensa.

La estrategia de Irán no es superar tecnológicamente a Estados Unidos, sino imponer costes, agotar suministros y vaciar los cargadores estadounidenses más allá de su capacidad para reconstituirlos, según la AEI.

Este tipo de armas son difíciles de fabricar rápidamente. En 2025, Lockheed Martin entregó unas 620 unidades de misiles Patriot, mientras que Estados Unidos lanzó aproximadamente 800 en los primeros cinco días de un conflicto.

El think tank AEI pide una mayor inversión para reconstruir la industria de defensa estadounidense en su propio territorio y dejar de depender de las cadenas de suministro globales. Sin embargo, esto puede llevar años debido a la especialización de los proveedores.

La noción de que Estados Unidos puede depender de pequeños inventarios de armas exquisitas y ultra caras para ganar es una ilusión que se ha hecho añicos.

El callejón geopolítico de Trump

El Pentágono era consciente de esta vulnerabilidad antes de la campaña contra Irán. En enero, alcanzó un acuerdo con Lockheed Martin para triplicar la producción anual de los Patriot, pasando de 600 a más de 2.000 unidades.

Sin embargo, la inestabilidad política y la incertidumbre financiera derivadas de las políticas de Trump dificultan la reindustrialización militar de Estados Unidos. El gasto de capital necesario para acelerar la producción requiere una financiación más segura, según un informe del CSIS.

Con la cadena de suministro saturada, el tiempo juega en contra del presidente republicano. Irán es consciente de que ni los mercados ni la opinión pública resistirán una guerra larga sin penalizar la economía y sus resultados electorales. Por ello, su doctrina militar exprime este punto débil con ataques a infraestructuras globales, elevando los costes de transporte y energía y reavivando la inflación.

Trump se enfrenta a un callejón geopolítico. Su cruzada para desglobalizar la economía mediante aranceles castiga y encarece la misma red global de suministros que su país necesita para sostener la guerra que él mismo ha comenzado. Ahora se enfrenta a la perspectiva de tener que reducir sus operaciones de combate porque Estados Unidos se está quedando sin balas.