
¿Qué es la banca en la sombra y por qué preocupa su auge?
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El temor a un desplome de firmas que suman más de 205 billones de euros ha crecido en las últimas semanas, lo que podría arrastrar a bancos tradicionales en un sistema financiero interconectado. Este escenario plantea interrogantes sobre la llamada “banca en la sombra” y su potencial impacto en la economía global.
En la última gran crisis financiera, las hipotecas subprime fueron la gota que colmó el vaso, detonando un terremoto que conllevó rescates multimillonarios y la caída de nombres aparentemente intocables. Casi dos décadas después, las alarmas suenan en un segmento del sector financiero con una regulación más laxa: la banca en la sombra.
La “banca en la sombra” engloba todo el sistema financiero no bancario, al margen de la supervisión de los bancos centrales. Surgió como alternativa a las entidades tradicionales tras la última crisis, cuando se reforzaron las exigencias de capital. Incluye fondos y firmas de inversión, fondos de pensiones privados, ramas de aseguradoras dedicadas a la inversión y capital riesgo.
A diferencia de las entidades reguladas, estas firmas conceden créditos sin tener depositantes, aunque cuenten con inversores. Tampoco soportan las mismas exigencias de colchones de capital para afrontar situaciones adversas, como la incertidumbre provocada por la guerra en Irán o las dudas sobre las valoraciones de los gigantes de la IA.
Se dedican a conceder capital a empresas o instituciones a cambio de una rentabilidad elevada y con vencimientos a medio o largo plazo. Captan fondos de otros inversores, como fondos de pensiones de EEUU o Canadá, y grandes fortunas.
El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) señala que la banca en la sombra suma casi 239 billones de dólares (más de 205 billones de euros), casi la mitad de los activos financieros globales. En España, alcanza los 1,6 billones de euros.
Organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Consejo de Estabilidad Financiera y el Banco de Pagos Internacionales (BIS) han alertado de que este auge viene acompañado de vulnerabilidades estructurales que recuerdan a los desequilibrios previos a la crisis de 2008. Funcas advierte sobre el apalancamiento creciente, la opacidad en ciertas inversiones, la dependencia de calificaciones crediticias privadas y la elevada interconexión financiera entre bancos y entidades no bancarias.
El problema radica en que esta banca en la sombra está interconectada con el sistema financiero, incluyendo entidades bancarias reguladas. La experiencia de 2008 demostró que, ante problemas, las piezas pueden caer como en un dominó.
Signos de debilidad en aumento
Algunos grandes nombres del sector han señalado que no todo va bien. El consejero delegado de JPMorgan, Jamie Dimon, dijo ver “cucarachas” en el sistema, refiriéndose a quiebras de firmas pequeñas con potencial para provocar daños colaterales. Ana Botín, presidenta de Banco Santander, las comparó con “medusas”, que no impiden nadar, pero requieren cuidado.
Estos avisos coinciden con indicios de que algo sucede en los mercados. La quiebra de la firma británica Markets Financial Solutions (MFS), enfocada en el mercado inmobiliario, afectó a Banco Santander, que tiene una exposición de unos 229 millones de euros.
La entidad española califica la exposición total del grupo al crédito privado como “residual”, representando menos del 1% de su cartera. No obstante, ha reconocido a la CNMV el riesgo de tensiones en el crédito privado, señalando que dudas sobre la solvencia de ciertas instituciones podrían generar problemas de liquidez y pérdidas en otras entidades.
Ante el miedo, gigantes de la inversión como BlackRock, Blackstone o Apollo han limitado los reembolsos de algunos de sus productos ante un aumento de las solicitudes de retirada de dinero.
La banca estadounidense está elevando los tipos de interés en los préstamos a firmas de inversión que apuestan por empresas en fase de desarrollo (BDC), debido a las altas valoraciones que han otorgado a inversiones ligadas a la inteligencia artificial.
Además, la “banca privada” está dando más tiempo a algunas firmas en las que ha invertido para devolver sus créditos, alargando los plazos de pago ante el temor de no recuperar lo invertido en un contexto de tipos de interés bajos, valoraciones de acciones no tan positivas e incertidumbre con la guerra en Oriente Medio.













