¿Qué busca Israel al invadir Líbano y por qué esta vez es diferente?

¿Qué busca Israel al invadir Líbano y por qué esta vez es diferente?
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¿Qué busca Israel al invadir Líbano y por qué esta vez es diferente?

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Tras un mes de ofensiva israelí contra Líbano, y con la expansión de las operaciones terrestres en el sur del país, el gobierno de Benjamín Netanyahu se propone establecer una “zona de seguridad” junto a la frontera norte de Israel, ocupando indefinidamente una gran área del territorio libanés.

Si bien las tropas israelíes mantuvieron presencia en cinco puntos del sur de Líbano tras el alto el fuego de finales de noviembre de 2024, sus posiciones estaban cerca de la frontera israelí. Ahora, han penetrado varios kilómetros en territorio libanés, avanzando rápidamente en las últimas semanas, pese a la resistencia de Hizbulá.

Israel busca eliminar la presencia de Hizbulá al sur del río Litani para evitar el lanzamiento de misiles hacia su territorio. Para ello, pretende arrasar una amplia zona, similar a lo que hizo en Gaza para, supuestamente, acabar con Hamás. El río Litani atraviesa el extremo sur de Líbano, entre Tiro y Sidón, discurriendo paralelo a la frontera.

El “modelo de Gaza”

El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha reiterado que sus hombres seguirán “el modelo de Gaza”, advirtiendo que todas las casas cerca de la frontera serán destruidas para “eliminar permanentemente las amenazas cercanas”. Las localidades más próximas a la frontera ya fueron atacadas o destruidas en la ofensiva de 2024, y sus habitantes, desplazados una vez más en marzo.

El Ejército israelí ha ordenado la evacuación de toda la población al sur del río Zahrani, a unos 40 kilómetros al norte de la frontera, lo que representa más del 10% del territorio libanés y donde residían unas 600.000 personas antes del conflicto.

Según el periódico israelí Haaretz, que cita fuentes del Ejército, aproximadamente el 70% de los habitantes se ha marchado, lo que equivale a unas 585.000 personas buscando refugio en otras partes de Líbano. Katz ha reiterado que no se les permitirá regresar hasta que “esté garantizada la seguridad de los residentes del norte” de Israel, afirmando que las tropas israelíes permanecerán en territorio libanés, incluso después de la operación militar, para mantener la seguridad hasta el río Litani.

Los habitantes de aldeas cristianas, que inicialmente se negaron a marcharse, también están abandonando sus hogares al encontrarse cada vez más en el punto de mira. El Ejército israelí acusó a Hizbulá de tomar el control de la aldea cristiana de Qawzah para lanzar ataques. Al mismo tiempo, el Ejército libanés se ha retirado de algunas localidades de mayoría cristiana y de las áreas más próximas a la frontera, ante las “incursiones hostiles israelíes”.

Es lamentable que el ejército libanés no forme parte de la ecuación a la hora de disuadir a Israel

Jean Kassir
experto en Líbano

Jean Kassir, experto en Líbano del Instituto Tahrir para la Política de Oriente Medio (TIMEP), señala que las instituciones libanesas no pueden detener el avance israelí ni forzar su retirada. Con la atención puesta en Irán, “Israel opera con total impunidad y sin ningún tipo de presión internacional para detenerlo”.

Respecto a la posibilidad de que Israel ocupe el sur de Líbano, el experto señala que “Israel está empleando fósforo blanco y realizando bombardeos masivos para asegurarse de que la vida no pueda regresar a esta región”, donde tiene previsto establecer esa “zona de amortiguación”.

Tensiones internas en un país frágil

Kassir considera que esta situación es “un enorme retroceso desde la liberación en el año 2000”, refiriéndose a la retirada de Israel de Líbano, país que invadió por primera vez en 1982. Le preocupa el riesgo de enfrentamientos internos, dada la naturaleza de Líbano.

“Cuando hay más de un millón de desplazados en un país multiconfesional, es de esperar que surjan tensiones, sobre todo porque ya existían antes de la guerra. El Estado es débil y no puede acoger a personas durante mucho tiempo; no cuenta con los fondos necesarios para gestionar esta crisis humanitaria”.

Cuando hay más de un millón de desplazados en un país multiconfesional, es de esperar que surjan tensiones, sobre todo porque ya existían antes de la guerra

Jean Kassir
experto en Líbano

A los desplazados del sur del país se suman los que han tenido que abandonar los suburbios meridionales de la capital, considerados un bastión de Hizbulá. En total, más de un millón de personas desplazadas, en su mayoría chiíes, representando alrededor de un quinto de la población libanesa. La ONU ha alertado de que esta es la peor crisis humanitaria a la que hace frente Líbano en más de dos décadas.

El experto de TIMEP destaca que “se dan todos los elementos para una posible explosión interna”, pero agrega que “en Líbano la violencia está regulada por los partidos políticos”, incluido Hizbulá. Muchos en Líbano responsabilizan al grupo armado de haber arrastrado al país a un nuevo conflicto por atacar a Israel en represalia por los bombardeos israelíes y estadounidenses contra Irán.

La ocupación legitimará a Hizbulá.

Había perdido mucha popularidad en los últimos dos años, pero la ocupación permanente del sur le dará una razón de ser mucho más fuerte que la que tenía antes

Jean Kassir
experto en Líbano

En septiembre de 2025, el Gobierno y el Ejército libaneses empezaron a aplicar un plan para desarmar a Hizbulá y forzar su retirada del sur, bajo la presión de EEUU e Israel, pero este proceso puede ser revertido por la actual guerra y una ocupación israelí, que, según apunta Kassir, justificaría la resistencia armada de esta milicia o de otras, sobre todo, frente a la impotencia del Estado libanés.

“La ocupación legitimará a Hizbulá. Había perdido mucha popularidad en los últimos dos años, pero la ocupación permanente del sur le dará una razón de ser mucho más fuerte que la que tenía antes, tras la liberación [del año 2000]. Incluso, según el derecho internacional, cualquier persona tiene derecho a poseer armas legítimamente para defender su territorio”.

La no frontera entre Israel y Líbano

Una nueva ocupación de Líbano también pone en entredicho el papel de la misión de mantenimiento de paz de Naciones Unidas para este país, creada en 1982. La FPNUL (UNIFIL) está desplegada en el sur de Líbano, precisamente en la región fronteriza por la que está avanzando Israel y donde quiere establecer su “zona de seguridad”.

Los cascos azules se han visto en el fuego cruzado entre los dos archienemigos desde principios de marzo, de forma cada vez más peligrosa. La ONU ha abierto una investigación para esclarecer incidentes y no ha responsabilizado a ninguna de las partes beligerantes. Lo cierto es que la presencia de los cascos azules incomoda a ambos bandos, que llevan mucho tiempo pidiendo su retirada.

El pasado septiembre, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decidió prorrogar la misión de la FPNUL sólo hasta diciembre de este año, cuando deberá comenzar su repliegue y retirada, a pesar de que el Gobierno libanés había pedido su permanencia. Israel ve en la marcha de la FPNUL y en la actual guerra la oportunidad de mover a su antojo la línea divisoria entre su territorio y Líbano.

Entre los dos países no hay una frontera como tal, sino que los separa la llamada Línea Azul, trazada por la ONU en el 2000 y aceptada por las dos partes en conflicto, que nunca han llegado a un acuerdo sobre dónde debe estar la frontera. Israel se ha expandido más allá de la Línea Azul en los pasados 25 años y, desde la llegada al poder del Gobierno ultranacionalista de Netanyahu, su aspiración es conquistar más territorios para crear el denominado “Gran Israel”. Uno de sus ministros más radicales, el colono Bezalel Smotrich, afirmó recientemente que “el Litani tiene que ser la nueva frontera con el Estado de Líbano”.