Semana Santa en Jerusalén: Desolación y Fe en Tiempos de Guerra

Semana Santa en Jerusalén: Desolación y Fe en Tiempos de Guerra
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Semana Santa en Jerusalén: Desolación y Fe en Tiempos de Guerra

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La Semana Santa en Jerusalén se vive este año bajo la sombra de la guerra y la desolación. María Ruiz, residente española en la ciudad desde 2018 y iconógrafa para el patriarcado latino, describe un panorama sombrío, muy diferente al fervor habitual, marcado por fuertes restricciones de seguridad desde el inicio del conflicto.

Un Paisaje Desolador

Según Ruiz, el corazón de Jerusalén presenta un “paisaje desolador”. La Ciudad Vieja permanece “vacía, cerrada”, y la mayoría de comercios, iglesias y lugares de culto han suspendido sus actividades. “Esta tristeza y desolación te entra en el alma poco a poco y va minando el espíritu”, confesó Ruiz.

Tensión y Restricciones

La tensión alcanzó su punto álgido el Domingo de Ramos, cuando se impidió la entrada a su propia catedral al patriarca latino, el cardenal Pizzaballa.

Ruiz calificó el incidente como “tristísimo, sin ninguna razón justificable”. Aunque el gobierno de Netanyahu rectificó posteriormente, el malestar en la comunidad cristiana fue evidente.

A pesar de la rectificación, las celebraciones en el Santo Sepulcro se llevan a cabo sin público. El patriarca celebra el Triduo Pascual con los frailes del convento interior y un número muy reducido de fieles y clérigos. El resto de la comunidad cristiana se dispersa por las distintas parroquias y santuarios.

Fe y Realismo en un Contexto Hostil

Paradójicamente, este “horizonte de guerra” e incertidumbre permite a los fieles vivir la Semana Santa con “más realismo”.

Ruiz afirma que la situación permite “tocar de alguna manera lo que cuentan los evangelios”. “El ambiente de hostilidad, de preocupación, de angustia, en el que Jesús ha vivido su pasión se convierte en nuestro escenario”, expresó.

Solidaridad y Fortaleza en la Comunidad

Esta vivencia compartida ha fortalecido los lazos en la comunidad. La iconógrafa destaca que existe una “solidaridad más fuerte” entre los cristianos y un esfuerzo por “sostenernos unos a otros para quedarnos en lo esencial de nuestra fe”. Mencionó como ejemplo la celebración “muy, muy sentida” del lavatorio de los pies que tuvo lugar en el patriarcado.