
La historia entra con tinta: los cómics llenan las "grandes carencias de la Educación
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Cada vez más historiadores y dibujantes se unen para adaptar al cómic las investigaciones más avanzadas en torno a la memoria histórica, superando las complejidades del ensayo. Tras el auge de la novela gráfica, algunas editoriales apuestan por esta combinación de texto e imagen para acercar al público general la historia reciente de España, con un éxito que se ha traducido en numerosas traducciones. Un ejemplo de este trabajo es *España partida en dos* (Crítica y Planeta Cómic), escrita por Julián Casanova, con guion de Miguel Casanova e ilustraciones de Carlos Esquembre.
Un nuevo enfoque para la Guerra Civil
Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza (Unizar) e investigador reconocido internacionalmente sobre la Guerra Civil Española, presenta esta obra que originalmente fue un encargo para el público anglosajón en 2013. Más de una década después, los trazos de Esquembre dan vida a esta aproximación para entender el conflicto que marcó el siglo XX español. Casanova destaca la adaptación de su hijo Miguel, que facilita su uso en las aulas de bachillerato, afirmando que los estudiantes se interesan más por el tema gracias a este tipo de recursos.
El historiador se muestra satisfecho con el resultado, afirmando que Esquembre ha logrado crear una nueva dimensión de su obra, permitiéndole ver dibujada una de las historias que ha escrito.
El cómic se consolida en la cultura audiovisual
Esquembre señala que adaptar la investigación de Casanova fue un nuevo desafío. A diferencia de otros títulos suyos como *Las tres heridas de Miguel Hernández*, *Lorca, un poeta en Nueva York* y *Los hermanos Machado*, donde la ficción se proyectaba en contextos históricos documentados, en este caso agudizó su ingenio para respetar el rigor de la obra de Casanova.
Por ejemplo, el capítulo sobre la importancia de la Iglesia y el anticlericalismo se narra a través de una ceremonia religiosa, sin evitar mostrar la violencia que suscitó el poder eclesiástico en aquellos años. Miguel Casanova, por su parte, contribuyó con símbolos y metáforas visuales, una constante en los trabajos del ilustrador.
Esquembre considera que vivimos en un momento donde la cultura audiovisual está muy presente, especialmente entre los jóvenes, y que el cómic combina la inmediatez, la imagen y la fuerza de lo visual. Además, opina que las novelas gráficas no tienen por qué ser una puerta de entrada a otras temáticas, ya que el cómic tiene interés por sí mismo y existen trabajos con una carga intelectual muy elevada.
Un susto para Preston
José Pablo García conoce bien el trabajo de dibujar novelas relacionadas con la historia. Ha dado forma y color a libros como *La guerra civil española*, *La muerte de Guernica* y *Franco*, todos ellos adaptaciones de obras de Paul Preston. También adaptó *Soldados de Salamina* de Javier Cercas. García cuenta que Preston estaba preocupado de que su obra se viera trivializada, pero el resultado fue muy oportuno, especialmente considerando las carencias en la educación sobre la Guerra Civil.
García, también autor del guion, explica que su principal intención era aportar claridad y amenidad a la densidad informativa de los libros. Actualmente, trabaja en una nueva adaptación de un escrito de Preston.
La relación entre novela gráfica y memoria histórica es inseparable del nombre de Paco Roca, autor de cómics como *El invierno del dibujante* y *Los surcos del azar*. Su último gran trabajo es *El abismo del olvido*, escrito junto al periodista Rodrigo Terrasa, que cuenta la historia de Leoncio Badía, el enterrador de Paterna. Roca explica que buscaba un punto intermedio entre el reportaje periodístico, la ficción narrativa y la dramatización de los hechos, por lo que la colaboración con Terrasa fue ideal.
El cómic crea la memoria visual que falta
Desde su perspectiva, la novela gráfica aporta una memoria visual que falta en la historia de España. Para Roca, este es uno de los grandes problemas ante el revisionismo y el blanqueamiento continuo de la dictadura. Al no tener imágenes, y solo el testimonio y trabajo de los investigadores, no podemos “ver” el horror de la represión durante la posguerra.
Convertir un sentimiento abstracto de dolor y pérdida en imagen es lo que hizo Roca en *El abismo del olvido*, que ha llegado a países como Polonia, Brasil, Italia, Turquía, Estados Unidos, Francia y Alemania. Recrear la memoria de las familias con las que hablaron implicó mostrar en dibujo el horror que habían vivido.
Roca es consciente de que trabaja con un tema político y politizado, por lo que se esfuerza en ser honesto y riguroso. Enfatiza la importancia de la colaboración entre autores e historiadores serios para contar los relatos con rigor.
Terrasa, periodista de El Mundo y coguionista de *El abismo del olvido*, publicó la historia de Leoncio Badía en 2013 y afirma que la obra publicada junto a Roca ha sido el mejor trabajo periodístico que ha realizado hasta la fecha. Exigió un nivel de rigor muy elevado, cerciorándose de detalles como los uniformes de los soldados, la forma de cavar una fosa y cómo era un consejo de guerra, contrastando los bocetos con arqueólogos, historiadores y forenses.
Terrasa, alejado del discurso apocalíptico, ha descubierto que hay muchos soportes y plataformas para hacer buen periodismo, y el cómic es uno de ellos.













