
El Obispo de Albacete celebra la Resurrección con un mensaje de esperanza y renovación
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El obispo de Albacete, Ángel Román, ha conmemorado el Domingo de Resurrección con una profunda reflexión sobre el triunfo de la vida sobre la muerte. Subrayó que, tras el sufrimiento de la Pasión, se experimenta el nacimiento de una “nueva Creación”. Afirmó que las manos de Cristo, que fueron crucificadas, “han roto las cuerdas, los clavos y las cadenas”, liberando así a aquellos oprimidos por el dolor en el mundo.
La riqueza de la Vigilia Pascual
El obispo destacó la solemnidad de la Vigilia Pascual, donde “la Iglesia se viste de fiesta grande”. Describió la Liturgia de la Luz, donde el cirio pascual simboliza la victoria de Cristo sobre la oscuridad y la muerte, seguida por la alegría de la asamblea al escuchar el pregón pascual.
Explicó que la liturgia de la Palabra narra la historia de la salvación, desde el Génesis hasta la resurrección de Jesús, mostrando cómo Dios siempre acompaña a la humanidad.
Renovación bautismal y misión cristiana
Ángel Román enfatizó que, en esta Noche Santa, se renueva la alegría del bautismo y la misión que este conlleva. Invitó a los cristianos a compartir su fe a través de palabras y acciones, transmitiendo la alegría del encuentro con el Señor resucitado, como hicieron los discípulos de Emaús. Subrayó que esta celebración es una “expresión muy cuidada de la espontaneidad de incontables corazones”.
Saborear la Pascua sin prisas
El obispo animó a celebrar la fiesta con alegría y a aprovechar las semanas de Pascua para reflexionar sobre su significado. Advirtió sobre el peligro de la rutina y de llenar la vida con actividades que impiden saborear el momento presente, como comuniones, fines de curso o la planificación de vacaciones.
Para evitar esto, propuso dar sentido a las acciones, interiorizarlas y actuar de manera coherente, impregnando la realidad con el espíritu de la Pascua.
Recomendó leer los textos litúrgicos de este tiempo, como los anuncios de Pedro o los relatos de las apariciones de Jesús a los discípulos, para escuchar y asimilar el mensaje del Resucitado: “Paz a vosotros”.
La paz del Resucitado
Según el obispo, acoger esta paz es “la mejor manera de disfrutar de las mieles de la Pascua”. Afirmó que quien la experimenta disfruta de “una alegría interior indescriptible, que solo la entiende quien también participa de ella”. Esta paz, regalo del Resucitado, transforma la vida cotidiana y ayuda a ser más comprensivos y a controlar el mal genio y la agresividad.
El Resucitado y el Crucificado
Ángel Román recordó que, en el tiempo de Pascua, “no podemos olvidarnos de que el resucitado es el crucificado”. Invitó a contemplar las llagas de sus manos y su costado, pruebas del amor de Dios por la humanidad y de su sacrificio.
Estas heridas gloriosas son una llamada a la acción, a entregar la vida al servicio de los demás.
La Pascua y el Espíritu Santo
La contemplación de las llagas de Cristo revela su presencia en el sufrimiento del mundo. La Pascua también es el tiempo del Espíritu Santo, que Jesús entrega a sus discípulos para vencer el miedo y convertirlos en testigos valientes. Este Espíritu, concluyó, es el que debe construir una “iglesia de hermanos, alegre, unida, acogedora, propositiva, maternal y misericordiosa”.
Unidad y esperanza
Finalmente, insistió en vivir la certeza del triunfo de la vida, sin olvidar las dificultades del camino. Aunque “el mal y la misma muerte están heridos de muerte”, siguen manifestándose.
Por ello, llamó a la vigilancia, a construir la unidad y a permanecer unidos a Dios y a los hermanos, para que las manos del Resucitado “levanten corazones” e “enciendan luces de esperanza para que nadie viva en la desesperación”.













