
Vigilia Pascual presidida por el Papa León XIV en el Vaticano
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El brasero frente a la Basílica de San Pedro ardía, bendecido por el Papa León XIV al inicio de su primera Vigilia Pascual. De los seis mil fieles presentes, cuatro mil siguieron la celebración desde las pantallas instaladas en la plaza, al no poder acceder al interior de la Basílica.
Siguiendo el rito del lucernario, León XIV grabó en el cirio una cruz, las letras griegas alfa y omega, simbolizando a Dios como principio y fin de todo, junto con el año actual.
Acto seguido, el Pontífice clavó cinco granos de incienso en la cera del Cirio pascual en forma de cruz.
Con la invocación pertinente, la penumbra se disipó a medida que las velas se encendían en la Basílica, iluminando la noche. El Papa reflexionó sobre el significado de la Resurrección: “¿Hay una caridad más grande?
¿Una gratuidad más total? El Resucitado es el mismo Creador del universo que, como en los albores de la historia nos dio la existencia de la nada, así también en la cruz, para mostrarnos su amor sin límites, nos ha donado la vida.”
Reflexiones sobre la historia de la salvación
Las lecturas durante la Vigilia recorrieron la historia de la salvación, desde la creación del universo hasta la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo.
El Papa reflexionó sobre este camino: “En todos estos momentos de la historia de la salvación hemos visto cómo Dios, ante la dureza del pecado que divide y mata, responde con el poder del amor que une y devuelve la vida. Los hemos evocado juntos, intercalando el relato con salmos y oraciones, para recordarnos que, por la Pascua de Cristo, «sepultados con él en la muerte […] también nosotros llevemos una Vida nueva […] muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Rm 6,4-11), consagrados en el Bautismo al amor del Padre, unidos en la comunión de los santos, hechos por gracia piedras vivas para la construcción de su Reino (cf.
1 P 2,4-5).”
Un mensaje de esperanza para un mundo en conflicto
En un mundo marcado por el conflicto, la injusticia, la violencia, la guerra, la pobreza y la división, el Papa León XIV destacó la importancia de la esperanza que representa la Resurrección de Jesús: “Hermanas y hermanos, tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles. Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones.
¡No dejemos que nos paralicen!”
El Papa animó a seguir el ejemplo de aquellos que, a lo largo de la historia, han removido estas piedras con la ayuda de Dios. “Muchos hombres y mujeres, a lo largo de los siglos, con la ayuda de Dios, las han removido, quizá con mucho esfuerzo, a veces a costa de la vida, pero con frutos de bien de los que aún hoy nos beneficiamos. No son personajes inalcanzables, sino personas como nosotros que, fortalecidas por la gracia del Resucitado, en la caridad y en la verdad, tuvieron el valor de hablar, como dice el apóstol Pedro, con «palabras de Dios» (1 P 4,11) y de actuar «como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas» (ibíd.).”













